Vivimos bajo el control de una especie de Imperio de la Vigilancia

"Hay que rendirse a la evidencia: aquí y ahora vivimos bajo el control de una especie de Imperio de la vigilancia".

“Hay que rendirse a la evidencia: aquí y ahora vivimos bajo el control de una especie de Imperio de la vigilancia”.

Durante mucho tiempo, la idea de un mundo “totalmente vigilado” ha parecido un delirio utópico o paranoico, fruto de la imaginación más o menos alucinada de los obsesionados por los complots. Sin embargo, hay que rendirse a la evidencia: aquí y ahora vivimos bajo el control de una especie de Imperio de la Vigilancia. Sin que nos demos cuenta, estamos, cada vez más, siendo observados, espiados, vigilados, controlados, fichados. Cada día se perfeccionan nuevas tecnologías para el rastreo de nuestras huellas. Empresas comerciales y agencias publicitarias cachean nuestras vidas. Con el pretexto de luchar contra el terrorismo y otras plagas[1], los gobiernos, incluso los más democráticos, se erigen en Big Brother, y no dudan en quebrantar sus propias leyes para poder espiarnos mejor. En secreto, los nuevos Estados orwelianos intentan, muchas veces con la ayuda de los gigantes de la Red, elaborar exhaustivos ficheros de nuestros datos personales y de nuestros contactos [2], extraídos de los diferentes soportes electrónicos.

Tras la oleada de ataques terroristas que desde hace veinte años viene golpeando ciudades como Nueva York, Washington, París, Toulouse, Bruselas, Boston, Ottawa, Oslo, Londres, Madrid, Túnez, Marrakech, Casablanca, Ankara, etc., las autoridades no han dejado de utilizar el enorme pavor de una sociedad en estado de shock para intensificar la vigilancia y reducir, en la misma proporción, la protección de nuestra vida privada.

Que se entienda bien: el problema no es la vigilancia en general; es la vigilancia clandestina masiva. Ni que decir tiene que en un Estado democrático las autoridades están completamente legitimadas para vigilar a cualquier persona que consideren sospechosa, apoyándose en la ley y con la autorización previa de un juez. Como dice Edward Snowden:

No hay problema cuando se trata de escuchas telefónicas a Osama Bin Laden. Los investigadores pueden hacer este trabajo mientras tengan permiso de un juez –un juez independiente, un juez de verdad, no un juez anónimo–, y puedan probar que hay una buena razón para autorizar la escucha. Y así es como se debe hacer. El problema surge cuando nos controlan a todos, en masa y todo el tiempo, sin una justificación precisa para interceptar nuestras comunicaciones, sin indicio jurídico alguno que demuestre que hay una razón plausible para violar nuestros derechos[3].

Con la ayuda de algoritmos cada vez más perfeccionados, miles de investigadores, ingenieros, matemáticos, estadísticos, informáticos, persiguen y criban las informaciones que generamos sobre nosotros mismos. Desde el espacio nos siguen satélites y drones de mirada penetrante. En las terminales de los aeropuertos, escáneres biométricos analizan nuestros pasos, “leen” nuestro iris y nuestras huellas digitales. Cámaras infrarrojas miden nuestra temperatura corporal. Las pupilas silenciosas de cámaras de video nos escudriñan en las aceras de las ciudades o en los pasillos de los supermercados[4]. Nos siguen la pista también en la oficina, en las calles, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en los aparcamientos, en los ascensores, en los centros comerciales, en carreteras, estaciones, aeropuertos…

Además, con el desarrollo en marcha de la “Internet de las cosas”, muchos elementos de nuestro hogar (refrigerador, botiquín, bodega, etc.), incluso nuestro vehículo[5], van a poder suministrar también informaciones valiosas sobre nuestras costumbres más personales.

Hay que decir que la inimaginable revolución digital que estamos viviendo, y que trastoca ya tantas actividades y profesiones, también ha desbaratado completamente el campo de la información y el de la vigilancia. En la era de Internet, la vigilancia se ha vuelto omnipresente y totalmente inmaterial, imperceptible, indetectable, invisible. Además, ya es, técnicamente, de una excesiva sencillez.

Software espía

"El editor de la página que visitamos vende a potenciales anunciadores informaciones que nos afectan, recogidas sobre todo por las cookies".

“El editor de la página que visitamos vende a potenciales anunciadores informaciones que nos afectan, recogidas sobre todo por las cookies”.

Ya no son necesarios toscos trabajos de albañilería para instalar cables y micros, como en la célebre película La conversación[6], en la que un grupo de “fontaneros” presenta, en un Salón dedicado a las técnicas de vigilancia, chivatos más o menos chapuceros, equipados con cajas rebosantes de hilos eléctricos, que había que disimular en las paredes o bajo los techos… Varios estrepitosos escándalos de la época –el caso Watergate[7], en Estados Unidos; el de los “fontaneros del Canard[8]”, en Francia–, fueron fracasos humillantes de los servicios de información, que mostraron los límites de estos viejos métodos mecánicos, fácilmente detectables y perceptibles.

En la actualidad, poner a alguien bajo escucha es asombrosamente fácil, y está al alcance de cualquiera. Quien quiera espiar su entorno encuentra una larga lista de opciones[9] de libre acceso en el comercio. En primer lugar, manuales de instrucción muy didácticos “para aprender a seguir la pista y espiar a la gente[10]”. Y al menos media docena de software espías (mSpy, GSmSpy, FlexiSpy, Spyera, EasySpy) que “leen” sin problemas el contenido de los teléfonos móviles[11]: sms, correos electrónicos, cuentas en Facebook, WhatsApp, Twitter, etc.

Con el impulso del consumo “en línea” se ha desarrollado considerablemente la vigilancia de tipo comercial, que ha generado un gigantesco mercado de datos personales, convertidos en mercancía. Cuando nos conectamos a una web, las cookies[12] guardan en la memoria el conjunto de las búsquedas realizadas, lo que permite establecer nuestro perfil de consumidor. En menos de veinte milisegundos, el editor de la página que visitamos vende a potenciales anunciadores informaciones que nos afectan, recogidas sobre todo por las cookies. Apenas algunos milisegundos después, aparece en nuestra pantalla la publicidad que supuestamente tiene más impacto en nosotros. Y ya estamos definitivamente fichados[13].

Una alianza sin precedentes

"Las nuevas empresas, como Google, Apple, Microsoft, Amazon y más recientemente Facebook han establecido estrechos lazos con el aparato del Estado en Washington, especialmente con los responsables de la política exterior".

“Las nuevas empresas, como Google, Apple, Microsoft, Amazon y más recientemente Facebook han establecido estrechos lazos con el aparato del Estado en Washington, especialmente con los responsables de la política exterior”.

En cierto modo, la vigilancia se ha “privatizado” y “democratizado”. Ya no es un asunto reservado únicamente a los servicios gubernamentales de información. Aunque, gracias también a las estrechas complicidades que los Estados han entablado con las grandes empresas privadas que dominan las industrias de la informática y de las telecomunicaciones, su capacidad en materia de espionaje de masas ha crecido de forma exponencial. En la entrevista con Julian Assange que publicamos en la segunda parte de este libro, el fundador de WikiLeaks[14] afirma:

Las nuevas empresas, como Google, Apple, Microsoft, Amazon y más recientemente Facebook han establecido estrechos lazos con el aparato del Estado en Washington, especialmente con los responsables de la política exterior. Esta relación se ha convertido en una evidencia […]. Comparten las mismas ideas políticas y tienen idéntica visión del mundo. En última instancia, los estrechos vínculos y la visión común del mundo de Google y la Administración estadounidense están al servicio de los objetivos de la política exterior de los Estados Unidos[15].

Esta alianza sin precedentes –Estado + aparato militar de seguridad + industrias gigantes de la Web– ha creado este Imperio de la vigilancia cuyo objetivo claro y concreto es poner Internet bajo escucha, todo Internet y a todos los internautas.

En esta situación, es necesario tener en cuenta dos ideas muy concretas:

1- El ciberespacio se ha convertido en una especie de quinto elemento. El filósofo griego Empédocles sostenía que nuestro mundo estaba formado por una combinación de cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego. Pero el surgimiento de Internet, con su misterioso “interespacio” superpuesto al nuestro, formado por miles de millones de intercambios digitales de todo tipo, por su streaming y su clouding, ha engendrado un nuevo universo, en cierto modo cuántico, que viene a completar la realidad de nuestro mundo contemporáneo como si fuera un auténtico quinto elemento.

En este sentido, hay que señalar que cada uno de los cuatro elementos tradicionales constituye, históricamente, un campo de batalla, un lugar de confrontación. Y que los Estados han tenido que desarrollar componentes específicos de las fuerzas armadas para cada uno de estos elementos: el ejército de Tierra, el ejército del Aire, la Armada y, con carácter más singular, los bomberos o “guerreros del fuego”. De manera natural, desde el desarrollo de la aviación militar en 1914-1918, todas las grandes potencias han añadido hoy, a los tres ejércitos tradicionales y a los combatientes del fuego, un ejército cuyo ecosistema es el quinto elemento: el ciberejército, encargado de la ciberdefensa, que tiene sus propias estructuras orgánicas, su Estado mayor, sus cibersoldados y sus propias armas: superordenadores preparados para librar la ciberguerra digital[16] en el ámbito de Internet.

2- Internet se ha centralizado. Al principio, se percibió la Red como una explosión de posibilidades de expresión individuales, que permitía escapar de la dependencia de los monopolios estatales (correos, telégrafo, teléfono), de los gigantes de las telecomunicaciones y de los grandes medios de comunicación dominantes (prensa, radio, televisión). Era sinónimo de libertad, de evasión, de creatividad. Veinticinco años después, la Red está a punto de sufrir una violenta centralización en torno a ciertas colosales empresas privadas: las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft), todas estadounidenses, que, a escala planetaria, acaparan las diferentes facetas de la Red, y de las que son extraordinariamente dependientes los aproximadamente 3 mil quinientos millones de internautas, quienes, a su vez, las alimentan con todos sus datos personales. Y de este modo, las enriquecen descomunalmente.

Para las generaciones de menos de 40 años, la Red es sencillamente el ecosistema en el que han madurado su pensamiento, su curiosidad, sus gustos y su personalidad[17]. Para ellos, Internet no es sólo una herramienta autónoma que se utiliza para tareas concretas. Es una inmensa esfera intelectual, en la que se aprende a explorar libremente todos los saberes. Y, al mismo tiempo, un ágora sin límites, un foro donde la gente se encuentra, dialoga, intercambia y adquiere cultura, conocimientos y valores, generalmente compartiéndolos.

Para estas nuevas generaciones, Internet representa lo que para sus antepasados fueron simultáneamente la Escuela y la Biblioteca, el Arte y la Enciclopedia, la Ciudad y el Templo, el Mercado y la Cooperativa, el Estadio y el Escenario, el Viaje y los Juegos, el Circo y el Burdel… Es tan fabuloso que “por el placer de evolucionar en un universo tecnológico, el individuo no se preocupe de saber, y aún menos de comprender, que las máquinas gestionan su vida cotidiana. Que cada uno de sus actos y gestos es registrado, filtrado, analizado y, eventualmente, vigilado. Que, lejos de liberarle de sus ataduras físicas, la informática de la comunicación constituye sin duda la herramienta de vigilancia y control más formidable que el hombre haya puesto a punto jamás[18]”.

Y esto no ha acabado. Ya que, insaciables, los gigantes de la Red quieren ahora extender su dominio al conjunto de la humanidad, con el pretexto de la emancipación y la liberación. Paul Virilio, al evocar las catástrofes industriales, que son por definición contemporáneas a la era industrial, nos ha enseñado que, por ejemplo, la invención del ferrocarril conllevó simultáneamente la invención de los accidentes de tren. Con la Web pasa algo parecido. La catástrofe industrial de Internet es la vigilancia masiva, de la que solo escapan –consuelo de pobres– los que no tienen Internet; es decir, alrededor de la mitad de los habitantes del planeta.

Pero los gigantes de la Red –Google, Facebook y, concretamente, Microsoft– quieren acabar con esta injusticia: “Si conectamos a Internet a los cuatro mil millones de personas que no tienen acceso a la Red, tenemos la oportunidad histórica de educar al conjunto del mundo en las próximas décadas”, ha declarado, por ejemplo, el dueño de Facebook, Mark Zuckerberg[19].

El 26 de septiembre de 2015, Zuckerberg, Bill Gates, fundador de Microsoft, Jimmy Wales, fundador de Wikipedia y otros[20] insistieron ante la ONU, inscribiendo su posición en el marco de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por las Naciones Unidas para erradicar la pobreza extrema hasta el año 2030[21]: “Internet pertenece a todo el mundo, por lo tanto debe ser accesible a todo el mundo[22]”. Aunque Facebook no había esperado para lanzar, en agosto de 2013, Internet.org, una aplicación para smartphones que permite a las poblaciones de los países pobres acceder gratuitamente a la red Facebook y a una selección de unos cuarenta sitios web, Wikipedia entre ellos[23].

Por su parte, Alphabet (Google) ha puesto a punto su propio proyecto de ampliar al mundo entero el acceso a Internet. Para proporcionar gratuitamente a los ‘condenados de la Tierra’ los beneficios de su motor de búsqueda, esta empresa global cuenta sobre todo con apoyarse en su programa Loon: globos de helio instalados en la estratosfera.

Sin dudar en absoluto de la intención de estos gigantes de la Red de mejorar el destino de la humanidad, podemos preguntarnos si no les motivan también consideraciones más comerciales, puesto que la principal riqueza de estas empresas ineludibles -casi en situación de monopolio planetario- es el número de conectados. Facebook o Google, por ejemplo, no venden nada a los internautas; venden sus miles de millones de usuarios a los anunciantes publicitarios. Es lógico, por lo tanto, que, a partir de ahora, quieran venderles todos los habitantes de la Tierra. Simultáneamente, cuando el mundo entero esté conectado, podrán transmitir a la NSA, en una doble operación, todos los datos personales de todos los habitantes de la Tierra … ¡Bienvenidos al Imperio de la vigilancia!

Notas

[1] Julian Assange afirma que las democracias se enfrentan, de hecho, a los “cuatro jinetes del Infocalipsis”: el terrorismo, la pornografía infantil, el blanqueo de dinero y las guerras contras la droga y el narcotráfico. Cada una de estas plagas, a las que evidentemente hay que combatir, sirve también de pretexto para reforzar permanentemente los sistemas de vigilancia global sobre las poblaciones. Cf.Julian Assange y Jacob Apppelbaum, Andy Müller-Maughn y Jérémie Zimmerman, Ménace sur nos libertés. Comment Internet nus espionne. Comment résister.

[2] Se trata esencialmente de informaciones que permiten identificarnos, ya sea directa o indirectamente. A saber: nombre y apellidos, foto, fecha y lugar de nacimiento, estado civil, dirección postal, número de de la seguridad social, número de teléfono, número de tarjeta bancaria, placa de la matrícula del vehículo, correo electrónico, cuentas de redes sociales, dirección IP del ordenador, grupo sanguíneo, huellas digitales, huella genética, elementos de identificación biométrica, etc.

[3] Katrina van den Heuvel y Stephen F. Cohen, “Entrevista con Edward Snowden”, Nueva York, The Nation, 28 de octubre de 2014. Le Monde diplomatique en español, octubre de 2015.

[4] Como se puede ver claramente en la película, de Stéphane Brizé, La Loi du marché, 2015.

[5] Cf. “La voiture, cette espionne”, Le Monde, 2 de octubre de 2015.

[6] Francis Ford Coppola, 1973.

[7] El caso Watergate fue un asunto de espionaje político con múltiples ramificaciones, que empezó con la detención, en 1972, de falsos ladrones que habían colocado micros en el interior del edifico Watergate, en Washington, en las oficinas del Partido Demócrata, y desembocó en la dimisión del presidente Nixon, a la sazón presidente de Estados Unidos, en 1974.

[8] Escándalo político bajo la presidencia de Georges Pompidou: en diciembre de 1973, en París, se descubrió en los locales del semanario satírico Le Canard enchaîné un sistema de escuchas que habían colocado una decena de agentes de la Dirección de la Vigilancia del Territorio (DST: siglas en francés), disfrazados de fontaneros.

[9] Aunque, en Francia, el artículo 226-1 del Código Penal impone una pena “de un año de prisión y 45.000 euros de multa por atentar voluntariamente, mediante cualquier procedimiento, contra la intimidad de la vida privada de otro: captando, grabando o transmitiendo, sin el consentimiento de su autor, palabras pronunciadas a título privado o confidencial; fijando, grabando o transmitiendo, sin su consentimiento, la imagen de una persona mientras se encuentra en un lugar privado”.

[10] Léase, por ejemplo, Charles Cohle, Je sais qui vous êtes. Le manuel d’espionnage sur Internet, Nantes, Institut Pandore, 2014.

[11] Incluso existen “comparadores de software de vigilancia” que la publicidad presenta de esta manera: “Un comparador claro y completo de los programas chivato para el móvil, que le permitirá elegir y poder tomar una decisión acertada y económica antes de comprar su aplicación de localización”. Cf. http://www.smartsupervisors.com/

[12] La cookie equivale a un pequeño archivo de texto almacenado en el terminal del internauta. Permite a los programadores de sitios de Internet conservar los datos del usuario con el fin de facilitar su navegación. Las cookies siempre han sido cuestionadas, ya que contienen información personal residual que potencialmente pueden ser utilizada por terceros. (Fuente: Wikipedia).

[13] http://digital-society-forum.orange.com/fr/

[14] Sobre WikiLeaks, léase La explosión del periodismo, Ignacio Ramonet, Clave Intelectual (Madrid) y Capital Intelectual (Buenos Aires), 2011., pp. 93-123.

[15] Cf. Infra, p. 138.

[16] Cf. “Entrevista exclusiva: vicealmirante Arnaud Coustillière, oficial general ‘ciberdefensa’ del estado mayor de los ejércitos”, Cyber Risques News, 7 de abril de 2015.

http://www.cyberisques.com/fr/motscles-11/433-entretien-exclusif-vice-admiral-arnaud-coustulliere-officier-general-cyberdefenseal-etat-major-des-armees

[17] Es interesante destacar que, si el 60% de los franceses percibe la existencia de ficheros de vigilancia como un “atentado a la vida privada”, el tramo de edad de los 18 a los 24 años, es decir, el de los principales usuarios de Internet, es el que se muestra más preocupado en este sentido: el 78% de ellos denuncia que “su vida privada está insuficientemente protegida en Internet”. Estudio realizado a instancias de la Comisión Nacional de Informática y Libertades (CNIL), París, 2008.

[18] Jean Guisnel, en el prólogo a la edición francesa del libro de Reg Whitaker, Tous fliqués! La vie privée sous surveillance, Denoël, 2001, París, 2001.

[19] “To Unite the Earth, Connect It”, The New York Times, 26 de septiembre de 2015.

[20] El propietario de Virgin, Richard Branson, la fundadora del Huffington Post, Ariana Huffington, el cantante Bono, la actriz Charlize Theron, la cantante Shakira, el actor George Takei, etcétera.

[21] http://www.globalgoals.org

[22] AFP, 27 de septiembre de 2015.

[23] Aunque sobre el papel es elogiable, el proyecto se enfrenta a fuertes críticas, especialmente en la India. Estos son los reproches: con internet.org, Facebook perjudicaría la neutralidad de la Red al decidir por sí mismo los sitios web a los que se pueden conectar los internautas. Además, crearía una Red a dos velocidades, la de los ricos, capaces de acceder a toda ella, y la de los pobres, conectados únicamente a algunos servicios. Léase, por ejemplo, Le Monde, París, 29 de diciembre 2015.

(Introducción del libro El imperio de la vigilancia / Tomado de Cuba Periodistas)

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Pensando en ti…. Mamá

… van dos años que despierto pensando en ti, en la memoria de tu verso te escribo, remarcando tu nombre con el polen de las flores. Porque se marchita eso que algunos llaman “alma”. Y te canto con la melancolía de Paco y Larralde, porque las palabras para Julia que debían cantar tu nombre, no me alcanzan…

 

 

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2016- 2017: “Aquí donde el mar acabó y la tierra espera”. J. Saramago

reloj

«El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día aún venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando a pastar la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer. Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del destete eran vendidos a los vecinos de la aldea, Azinhaga de nombre, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Meirinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otro. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, sacaban de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a su cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos de una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no procedían así por delicadeza de alma compasiva: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar más de lo indispensable”…. Así comienza Saramago su discurso al recibir el premio nobel de literatura en 1998.

El 2016 se esfuma como vela parpadeante frente a una brisa fría. Y este mundo convulsionado nos deja lecciones y retos que enfrentar.  Circunstancias con expectativas desafiantes a nivel personal y de grupo. Saramago nos alecciona en un ambiente campirano, lleno de carencias y necesidades desafiantes. Pero también nos muestra una cultura del trabajo que urge rescatar y ponerla de ejemplo, frente a una juventud que flota en un escenario virtual; que la hace vivir a prisa y aislada.

Rescatar al hombre de trabajo, rescatar al hombre de valores; sin perder de vista los entretejes de la especie y las contradicciones que lo envuelven como humanidad.

Paz, sencillez, abrazo… que ese sea el sabor de las uvas de la mesa donde todavía puedan servirse y que donde falten; haya también humanidad para no ser indiferentes. (“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”).

UN MEJOR 2017, SALUDOS Y ABRAZOS PARA TODOS!!

Doropeaton

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19 de diciembre de 1989, la invasión a Panamá.

panama

Era el 19 de diciembre de 1989. Luego de cenar, la pareja se había dedicado a construir el pesebre. Habían colocado casi todo: la Virgen María, San José, los pastores, la vaca, el asno y una buena cantidad de figuritas plásticas. Ella había tenido que explicar veinte veces a Jorge, el menor de cuatro años, por qué se debía esperar hasta el 25 de diciembre para poner al niño Jesús: ese día nacía.

A la hora de irse a dormir, los bebes se opusieron de hacerlo en sus camas. Querían dormir cerca del pesebre. Ana, la madre, aceptó con la condición de que estuvieran al lado opuesto, cerca del ventanal. Ahí les pusieron un colchón.

Había música en algunos lugares cercanos. El ambiente festivo estaba en aumento porque ya se olía a navidad, particularmente en este barrio panameño del Chorrillo. Su marido se fue a la cama. Ella se sentía extraña. Aunque estaba cansada prefirió sentarse en el piso a leer un libro. A momentos observaba con ternura a sus dos varoncitos. El tiempo fue pasando.

Miro el viejo reloj que estaba sobre el televisor y se dio cuenta que faltaba poco para que una manecilla tapara la otra: era casi media noche. Entonces el aparato comenzó a vibrar. Ella miró las paredes, el techo y puso los ojos en las figuritas que cambiaban de lugar. ¡ Todo temblaba! Escuchó un terrible estruendo, luego otro y otros. Por unos segundos creyó que era otra maniobra del Ejército estadounidense, acantonado a los alrededores del Canal.

Se levantó como un resorte y se lanzó a la habitación, donde su marido ya estaba parado en calzoncillos. Ambos fueron a la ventana y con temor se asomaron. Vivían en un cuarto piso. Resplandores y explosiones por todas partes: “ ¡ la invasión, la invasión!” Fueron los gritos angustiados que escucharon casi a coro. Los helicópteros disparaban cohetes contra el Cuartel del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa Panameña, no muy lejos de ahí.

Corrieron a la sala. Ella abrió la puerta, saliendo al balcón para presenciar el inicio del apocalipsis. Los gritos de terror aumentaban por todas partes, tanto como las explosiones y las ráfagas de tiros. Ella entró y se lanzó sobre los niños, que ya estaban sentados llorando asustados. Los abrazó. Levantó los ojos y vio a su marido parado en la mitad de la sala sin saber qué hacer. “ ¡ Trae un colchón! ¡ Trae un colchón!”, le gritó. El hombre reaccionó, pero para gritarle que debían poner los niños al lado del pesebre para que la Virgen María los protegiera.

“¡ Trae un colchón, por Dios, tráelo!”, le gritó desesperada. “ ¡ La virgen no protege ahora!”, le precisó. Al no verlo reaccionar, con resplandores entrando por el ventanal y el terremoto a sus pies, corrió hasta la habitación de los niños, agarró el colchón que sobraba y lo levantó como si fuera pluma. Se los puso encima a los bebes que no paraban de llorar en pánico.

Los aviones supersónicos surcaban, dejando su ruido que reventaba los oídos y los vidrios. El cielo estaba rojizo debido al reflejo de las explosiones y los incendios. El ruido de las aspas de los helicópteros estaba por todas partes. Los cohetes también venían desde la bahía tan próxima: los barcos cañoneaban.

De repente, por la puerta entró una especie de rayo enceguecedor. Cuando abrió los ojos todo seguía iluminado y temblando, pero había una especie de humo con olor imposible a saber. En el lugar del pesebre y el televisor solo había una mancha como de aceite negro y cenizas. Ni la virgen se había salvado.

Su marido, aterrado y mudo, miraba aquello y miraba a donde estaban los bebes. Si no hubiera sido por ella…

Ana recordó que era dirigente comunal, por eso debía calmarse y tratar de ayudar. Fue a la puerta de salida, encontrando a todo el vecindario en caos, sin saber qué hacer.

Le dijo al marido que había que irse de ahí con los niños, pues una bomba podía acabar con el edificio de siete pisos. Se debía buscar refugio. El salió cargando los bebes, y ella se fue gradas arriba para exigir que se desalojara la edificación. Entonces vio, en el último piso, a dos viejitos que lloraban y gritaban, pidiéndole al nieto que se quitara del balcón de enfrente. El joven amenazaba a un helicóptero con un revolver que ya no tenía balas. Ana le gritó que por su culpa iban a bombardear el edificio. El, como enloquecido, exclamaba a todo pulmón: “ ¡ yanquis asesinos!”, “ ¡ yanquis hijosdeputas!”. Los tres vieron cuando una especie de rayo laser partió en dos, por la cintura, al joven. Ni una maquina aserradora lo hubiera hecho con tanta facilidad. Gritos y más gritos de pánico e impotencia ante ese horror. Ana empujó a los abuelos, obligándolos a bajar, aunque ya no querían ni vivir.

Abajo se encontró con su marido. Todos los niños que ahí había estaban en pánico total. Ella, con cautela, abrió el portón y fue saliendo. Su marido ni se atrevió a detenerla. Ella era así. En diagonal ardían varias edificaciones. Con cada estallido de las bombas los gritos eran generales, pues se creía que caían sobre sus cabezas.

Mujeres y hombres que corrían en cualquier dirección, llevando en brazos hasta tres niños. Niños que cargaban niños. Ancianos arrodillados en los quicios de las puertas orando.

En la esquina, a unos cien metros vio a tres hombres de civil que disparaban contra los helicópteros. Corrió hasta ellos y pidió un arma. No había.

Regresó desilusionada. Propuso de quedarse ahí porque no había a donde ir. Se acurrucaron, al interior del edificio. Unos se abrazaron. Llorando, hombres y mujeres, se pusieron a esperar que llegara la luz del día, quizás sería menos espantosa aquella horrible pesadilla.

A las 6h15 las explosiones continuaban. Ella abrió el portón lentamente, asomó la cabeza y se encontró con varios hombres con el rostro pintado. Se sintió muerta cuando le apuntaron con sus inmensas armas. Ellos empezaron a gritarle varias cosas, de las que solo entendió “go, go, go”, fuera, fuera, fuera. Hicieron señas para que salieran con las manos en alto. Los invasores ya se habían apoderado de casi todas las casas y edificios. Uno, con cara de latino, les dijo en español que debían ir hacia Balboa, un puerto que queda en la desembocadura del canal de Panamá, por el Océano Pacífico. Como a 5 kilómetros de ahí.

Los tanques estaban entrando al Chorrillo masivamente. De ellos se fueron bajando invasores que, a gritos en inglés, pedían que desocuparan las casas y edificios. Entonces empezaron a tirarles adentro un pequeño dispositivo que las incendiaba. Era una espeluznante magia. Igual estaban haciendo en San Miguelito, otro barrio de gentes humildes.

Ana quiso ayudar a una mujer herida que apenas podía caminar, y que tenía al pequeño hijo en los brazos. Los soldados apuntaban amenazantes. Otra mujer vino en apoyo, a sabiendas que podían ser asesinadas por no levantar los brazos.

Había muchos muertos en las calles, todos civiles. Un niño de unos diez años señaló, horrorizado, los cuerpos de dos compañeritas de estudio en medio de un gran charco de sangre. Ana sintió que se le partía el alma cuando reconoció a su vecina abrazada a sus dos hijos, los tres casi calcinados.

Nunca se había escuchado gritos más desgarradores: un tanque pasó sobre dos hombres, aunque uno de ellos estaba sentado en la calle herido. Las orugas los dejaron como papilla. Los sesos volaron a varios metros. Varias personas vomitaron o cayeron arrodilladas al presenciarlo. Esto se repitió varias veces durante el trayecto.

Se caminaba entre cadáveres. Los invasores tenían libertad para asesinar. Ejecutaban a civiles en plena calle por el tan solo hecho de haberles gritad o “Yankee go home”, ¡ Yanqui, fuera!

No se permitió que se auxiliara a los heridos, ni que los familiares tocaran a sus muertos. Los camiones de los invasores venían a buscarlos y se los llevaban. Muchos capitalinos vieron cuando los incineraban con lanzallamas en las playas. Otros cientos de cuerpos fueron lanzados a fosas comunes.

Aunque en los barrios de los ricos salieron a tomarse fotos con los invasores , portando la bandera estadounidense. Esas mujeres querían hasta besarlos. En algunos lugares del campo también se les ofreció Coca-Cola y cigarrillos.

Fue la invasión estadounidense llamada “Causa Justa”: el desembarco aéreo más grande después de la Segunda Guerra Mundial. Sobre este pequeño país de tres millones de habitantes, cayó todo el poder militar de la primera potencia mundial: 26.000 soldados que parecían sedientos de sangre.

La invasión se convirtió en un campo experimental de la tecnología bélica más avanzada, la que luego se utilizaría contra Irak en 1991. Por ejemplo, el rayo que acabó con el pesebre y el televisor de Ana, y que partió al nieto . El avión bombardero invisible “Stealth” tuvo ahí su bautizo.

Las Fuerzas de Defensa de Panamá no tenían ni 3000 hombres de combate. No contaba con defensa aérea. Civiles y militares dieron su vida por la soberanía y la patria, no por el general Manuel Antonio Noriega.

Porque fueron más de 4000 los asesinados bajo el pretexto de capturar al dictador por represor y narcotraficante. Militar que hasta pocos meses antes había sido uno de los preferidos de Estados Unidos en América Latina. Asalariado de la CIA, y gran amigo de George Bush padre, fue el puente entre la mafia colombiana y la CIA para el tráfico de cocaína que financió la guerra contrainsurgente en Centroamérica, en los años ochenta. Pero en un arranque de soberanía, quiso que Estados Unidos no tuviera el mínimo control sobre Panamá, empezando por el Canal. Y los pecados que nunca le habían visto al general, fueron noticia mundial

Cuando invadieron, no lo pudieron encontrar. La CIA quedó ridiculizada. Tuvieron que ofrecer dinero por su captura. El se entregó el 3 de enero de 1990.

Los invasores se ensañaron contra el Chorrillo y San Miguelito porque sabían que ahí ellos no eran bienvenidos. De esos barrios apenas quedaron algunas columnas de hormigón. Los mismos soldados estadounidenses empezaron a llamar al Chorrillo su “Little Hiroshima ”. La “pequeña Hiroshima”, comparándolo con la bomba atómica soltada por Estados Unidos sobre la ciudad japonesa el 6 de agosto de 1945. La gran mayoría de panameños lo reconocen como el “Barrio Mártir”.

Heroína y mártir fue Ana. Ella dejó a su marido con los niños y se fugó del campo de concentración donde los habían metido en Balboa. Se unió a quienes combatían las tropas invasoras. Les hizo varias bajas y averió un helicóptero. La mujer que disparaba a su lado vio cuando Ana recibió la bala en el pecho. Agonizante, le dijo: “cuéntale a mis hijos de mí”. Por poco no le logran abrir la mano para recuperar el fusil.

  • Periodista, escritor y realizador colombiano residente en Francia.
  • Este texto hace parte del libro Latinas de Falda y Pantalón, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona 2015.

Algunas fuentes:

  • Méndez, Roberto. Panamá, 20 de diciembre de 1989: ¿Liberación… O crimen de guerra?
  • Calloni, Stella. “Panamá: El Día del Lobo”. Revista América: la Patria Grande. N° 8°. México. Julio-Septiembre de 1990.
  • Rodríguez, Mario. La Operación Just Cause en Panamá. Fundación Omar Torrijos. Panamá, 1991.
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UNA FABULA FABULOSA …

Había que cuidar la milpa, los coyotes tenían un banquete cada noche. Fue con su burrito y lo puso a pastar mientras él ahuyentaba a los traviesos come milpas. De pronto escuchó unos ruidos algo extraños, enfocó su lámpara al cruzar una lomita y quedó estupefacto con lo que veía. El burrito jugaba con un amigo poco convencional. Corrían y retozaban como si fueran dos cervatillos. Era un venado macho de grandes cuernos quien compartía juegos nocturnos, con el asno de aquel campesino.

Que fábulas tan preciosas pueden surgir, de este paisaje huasteco.

 

Doropeaton.

venao

 

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Fidel y las lecciones de Soberanía…

Eran mis días de estudiante, Fox le había firmado a Bush, hincado de rodillas la Iniciativa Mérida. Que no es otra cosa que la implementación y suministro  de la guerra vs el narco, que sirve y alimenta a los grandes bancos y permite a EEUU saciar sus instintos colonialistas en el patio trasero. Fox había echado al caño a la diplomacia mexicana con el “comes y te vas” y usando  toda la vulgaridad y descortesía con el ahora fallecido Fidel Castro.

Tomas Yarrington había iniciado el plan de “ruptura y fracking” contra el ITM, quien hasta entonces había mostrado poder de organización estudiantil en la frontera. El caso de la estudiante ultrajada, asesinada en la playa; hizo reaccionar al todavía digno Comité Estudiantil. Se bloqueó el puente internacional los “tomates”, demandando una justicia que nunca llegaría, pues éramos ilusos y no alcanzábamos a comprender que era un plan del Estado; para desangrar e inhibir toda resistencia estudiantil y ciudadana.

Así como entraron las armas del “rápido y furioso” por la frontera, caminó la ola de violencia que llega a nuestros pueblos. Y la estudiante del CETis en Naranjos, violada y asesinada hace unos días, ya no causa indignación en un pueblo con “amnesia, síndrome de Estocolmo y que yace como un cuerpo “drogado”; sin reacción aparente.

Mientras la derecha mexicana reacciona a la muerte de Fidel de manera canallesca, la izquierda en México no comprende del todo el legado  de dignidad, soberanía e internacionalismo del revolucionario cubano.

Lecciones de soberanía y cultura frente al embate del vecino del norte, deben de aleccionar la dignidad humana; en un país donde sigue habiendo muertos, sin que pase nada….

Doropeaton

 

fox

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Fidel: su legado

(Comparto una primera reflexión, en caliente, sobre la muerte del Comandante. Me enteré a noche, al cierre de la TV cubana y ví el discurso de Raúl. No pegué un ojo en toda la noche y salí corriendo al aeropuerto a cancelar mi retorno, programado para hoy Sábado al mediodía. Me quedo en Cuba hasta el Miércoles, y el Martes estaré en la gran despedida que se le hará a Fidel en la Plaza de la Revolución. Van unas pocas ideas, deshilvanadas, salidas más del corazón que de mi cerebro. Pero siento que no puedo guardarlas para mi fuero íntimo. ¡Hasta la victoria, siempre!)


(Por Atilio A. Boron) La desaparición física de Fidel hace que el corazón y el cerebro pugnen por controlar el caos de sensaciones y de ideas que desata su tránsito hacia la inmortalidad. Recuerdos que se arremolinan y se superponen, entremezclando imágenes, palabras, gestos (¡qué gestualidad la de Fidel, por favor!), entonaciones, ironías, pero sobre todo ideas, muchas ideas. Fue un martiano a carta cabal. Creía firmemente aquello que decía el Apóstol: trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras. Sin duda que Fidel era un gran estratega militar, comprobado no sólo en la Sierra Maestra sino en su cuidadosa planificación de la gran batalla de Cuito Cuanevale, librada en Angola entre diciembre de1987 y marzo de 1988, y que precipitó el derrumbe del régimen racista sudafricano y la frustración de los planes de Estados Unidos en África meridional.
Pero además era un consumado político, un hombre con una fenomenal capacidad para leer la coyuntura, tanto interna como internacional, cosa que le permitió convertir a su querida Cuba -a nuestra Cuba en realidad- en una protagonista de primer orden en algunos de los grandes conflictos internacionales que agitaron la segunda mitad del siglo veinte. Ningún otro país de la región logró algo siquiera parecido a lo que consiguiera Fidel. Cuba brindó un apoyo decisivo para la consolidación de la revolución en Argelia, derrotando al colonialismo francés en su último bastión; Cuba estuvo junto a Vietnam desde el primer momento, y su cooperación resultó de ser de enorme valor para ese pueblo sometido al genocidio norteamericano; Cuba estuvo siempre junto a los palestinos y jamás dudó acerca de cuál era el lado correcto en el conflicto árabe-israelí; Cuba fue decisiva, según Nelson Mandela, para redefinir el mapa sociopolítico del sur del continente africano y acabar con el apartheid. Países como Brasil, México, Argentina, con economías, territorios y poblaciones más grandes, jamás lograron ejercer tal gravitación en los asuntos mundiales. Pero Cuba tenía a Fidel …
Martiano y también bolivariano: para Fidel la unidad de América Latina y, más aún, la de los pueblos y naciones del por entonces llamado Tercer Mundo, era esencial. Por eso crea la Tricontinental en Enero de 1966, para apoyar y coordinar las luchas de liberación nacional en África, Asia y América Latina y el Caribe. Sabía, como pocos, que la unidad era imprescindible para contener y derrotar al imperialismo norteamericano. Que en su dispersión nuestros pueblos eran víctimas indefensas del despotismo de Estados Unidos, y que era urgente e imprescindible retomar los iniciativas propuestas por Simón Bolívar en el Congreso Anfictiónico de 1826, ya anticipadas en su célebre Carta de Jamaica de 1815. En línea con esas ideas Fidel fue el gran estratega del proceso de creciente integración supranacional que comienza a germinar en Nuestra América desde finales del siglo pasado, cuando encontró en la figura de Hugo Chávez Frías el mariscal de campo que necesitaba para materializar sus ideas. La colaboración entre estos dos gigantes de Nuestra América abrió las puertas a un inédito proceso de cambios y transformaciones que dio por tierra con el más importante proyecto económico y geopolítico que el imperio había elaborado para el hemisferio: el ALCA.
Estratega militar, político pero también intelectual. Raro caso de un jefe de estado siempre dispuesto a escuchar y a debatir, y que jamás incurrió en la soberbia que tan a menudo obnubila el entendimiento de los líderes. Tuve la inmensa fortuna de asistir a un intenso pero respetuoso intercambio de ideas entre Fidel y Noam Chomsky acerca de la crisis de los misiles de Octubre de 1962 o de la Operación Mangosta, y en ningún momento el anfitrión prestó oídos sordos a lo que decía el visitante norteamericano. Una imagen imborrable es la de Fidel participando en numerosos eventos escenificados en Cuba –sean los encuentros sobre la Globalización organizados por la ANEC; los de la Oficina de Estudios Martianos o la Asamblea de CLACSO en Octubre del 2003- y sentado en la primera fila de la platea, munido de un cuadernito y su lapicera, escuchando durante horas a los conferencistas y tomando cuidadosa nota de sus intervenciones. A veces pedía la palabra y asombraba al auditorio con una síntesis magistral de lo dicho en las cuatro horas previas, o sacando conclusiones sorprendentes que nadie había imaginado. Por eso le decía a su pueblo “no crean, lean”, fiel reflejo del respeto que sentía por la labor intelectual.
Al igual que Chávez, Fidel un hombre cultísimo y un lector insaciable. Su pasión por la información exacta y minuciosa era inagotable. Recuerdo que en una de las reuniones preparatorias de la Asamblea de Clacso del 2003 nos dijo: “recuerden que Dios no existe, pero está en los detalles” y nada, por insignificante que pareciera, debía ser librado al azar. En la Cumbre de la Tierra de Río (1992) advirtió ante el escepticismo o la sonrisa socarrona de sus mediocres colegas (Menem, Fujimori, Bush padre, Felipe González, etcétera) que la humanidad era “una especie en peligro” y que lo que hoy llamamos cambio climático constituía una amenaza mortal. Como un águila que vuela alto y ve lejos advirtió veinte años antes que los demás la gravedad de un problema que hoy está en la boca de cualquiera.
Fidel ha muerto, pero su legado –como el del Che y el de Chávez- vivirá para siempre. Su exhortación a la unidad, a la solidaridad, al internacionalismo antiimperialista; su reivindicación del socialismo, de Martí, su creativa apropiación del marxismo y de la tradición leninista; su advertencia de que la osadía de los pueblos que quieren crear un mundo nuevo inevitablemente será castigada por la derecha con un atroz escarmiento y que para evitar tan fatídico desenlace es imprescindible concretar sin demora las tareas fundamentales de la revolución, todo esto, en suma, constituye un acervo esencial para el futuro de las luchas emancipatorias de nuestros pueblos.
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