Lava dinero DEA al Chapo…La titiriteros exhibidos…

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A través de un agente infiltrado, la agencia estadounidense supo de las transferencias del cártel de Guzmán Loera

REFORMA/ Redacción

Ciudad de México  (13 marzo 2012).- Joaquín “El Chapo” Guzmán y La Familia Michoacana pagaron hasta el año pasado 5 por ciento de sus utilidades ilícitas a la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA)… sin saberlo.

Un oficial del Grupo Técnico Especializado de la DEA se infiltró en las organizaciones, se ganó su confianza y cobró el porcentaje de comisión por transportar y lavar en el sistema financiero 4 millones 921 mil 199 dólares americanos y 8 millones 339 mil 25 dólares canadienses.

Bajo la identidad ficticia de “José Luis Cazares” y el apodo de “El 050”, el agente estadounidense también intervino en operaciones de compra venta de 6 mil 700 kilos de cocaína, de acuerdo con la causa criminal 11CR1926H de la Corte Federal del Distrito Sur de California, en San Diego.

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Se trata de la investigación que el año pasado llevó a la captura de Víctor Manuel Félix Félix, “El Señor”, consuegro de Joaquín “El Chapo” Guzmán, y en la que, durante dos años, la DEA vigiló las llamadas telefónicas y de Nextel de los traficantes, sus mensajes SMS y correos electrónicos, además de que los fotografió en diversas reuniones.

El infiltrado logró ser aceptado por los criminales gracias a las atractivas tarifas que ofrecía: pedía 4 mil 500 dólares por cada kilo del alcaloide que colocara en Estados Unidos si el embarque era de 2 toneladas o 3 mil 500 dólares por kilo si el envío era de 3 o más toneladas.

La DEA tuvo santo y seña de las transferencias del cártel porque el “topo” abrió una cuenta bancaria en el Bank of America de San Diego, controlada y monitoreada permanentemente por la agencia.

El dinero, en su mayoría, lo enviaba a una cuenta del Deutsche Bank de Nueva York, a nombre de Vanguardia Casa de Bolsa, la cual tenía como beneficiario a la empresa Merin Comercializadora.

De 2009 a 2011, el costo-beneficio fue absolutamente favorable para los traficantes, pues los sinaloenses y michoacanos solamente perdieron 600 mil dólares en aseguramientos y restaron el 5 por ciento a sus ganancias, por el pago de servicios al agente encubierto.

Además, tuvieron a la DEA recolectando todas sus ganancias en Vancouver y Montreal, Canadá; en San Diego, Houston, Nueva York, Chicago y otras ciudades de Ohio, Massachusetts y California.

El servicio incluía el ingreso del dinero al sistema financiero.

Para la corporación estadounidense, los resultados de su inversión llegaron 24 meses después de infiltrar a “Cazares”, pues la operación desentrañó redes delictivas en 5 países del continente y se aseguraron más de 4 toneladas de cocaína en Ecuador.

La investigación permitió detener o identificar a 36 cómplices del Cártel de Sinaloa en México, EU, Canadá, Colombia y Ecuador, incluido el consuegro de “El Chapo”, capturado el 18 de marzo de 2011.

Negocios con el enemigo

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“Yo soy una persona muy honesta, oiga, muy muy honesta y que mi palabra vale mucho”, solía decirles José Luis Cazares alias “El 050” a los operadores de Joaquín “El Chapo” Guzmán, antes de concretar un negocio de cocaína o lavarles sus activos.

Cazares empleó casi un año para romper la desconfianza de los allegados de “El Chapo” que estaban dedicados a ingresar la droga y recaudar sus ganancias en Norteamérica.

Todo había empezado en marzo de 2009, cuando “El 050” se presentó ante María Benítez como alguien especializado en servicios financieros, a quien no le importaban los escrúpulos con tal de ganar dinero.

Ella vivía en Carsbald, California, y las corporaciones policiacas la tenían catalogada como blanqueadora de activos del narcotráfico. Tomó los datos de quien le ofrecía sus servicios y lo puso a prueba.

El 27 de marzo, Cazares recibió una llamada telefónica de Jesús Rodolfo Guajardo Farías, un tipo de 66 años a quien le decían “El Doctor” y era socio de Benítez, quien fue al grano: necesitaba transferir o “transportar” 3 millones de dólares a Colombia.

“El 050” respondió que lo haría, pero no volvieron a buscarlo sino hasta el 3 de junio siguiente, cuando “El Doctor” lo citó en Panamá, para presentarle a Gabriela Vázquez Villavicencio, alias “Monina”, y José Benjamín Valdez Bernal.

Allí le preguntaron de su capacidad para movilizar en bancos 300 millones de dólares y respondió que podía hacerlo.

Tardaron 5 meses para volverle a ofrecer un trabajo: transportar fuera de Estados Unidos cantidades que iban de los 20, 50 y hasta 150 millones de dólares que estaban acopiados en Washington, Chicago y Nueva York.

El broker nunca se inmutó cuando le hablaban de cifras con varios ceros; hasta ese momento todo había quedado en palabras. Sus clientes potenciales no le habían entregado un solo dólar.

Fue paciente ante la reserva que le tenían, hasta que a inicios de 2010, “Monina” le mandó un mensaje SMS para avisarle que finalmente iniciarían una relación de negocios.

Para depositar el dinero, a Cazares le dieron los datos de una cuenta concentradora a nombre de Vanguardia Casa de Bolsa, en el Deutsche Bank en Nueva York, que tenía como beneficiario a Merin Comercializadora.

Su primera misión era recoger una maleta con 109 mil dólares en efectivo, lo cual hizo uno de sus hombres en Monrovia, California, el 31 de marzo de 2010.

“Yo le dije a Vázquez Villavicencio que le cobraría una comisión del 5 por ciento del dinero lavado”, declaró Cazares, quien procedió a abrir una cuenta en el Bank of America en San Diego, restó su comisión al dinero recibido y transfirió 102 mil 460 dólares al banco de Nueva York.

Con esta primera entrega, logró romper el hielo.

Nadie sabía que la cuenta que aperturó en San Diego estaría monitoreada por la DEA, tampoco que el nombre de José Luis Cazares era la identidad ficticia de un agente que llevaba más de 10 años en el Grupo Técnico Especializado de la agencia antidrogas.

Sus clientes mucho menos sabían que toda conversación telefónica o de radio, mensaje de texto o comunicación electrónica con Cazares también estarían vigiladas y engrosarían un expediente que llegó a la Corte Federal del Distrito Sur de California en San Diego, bajo el número de causa 11CR1926H.

Lavar y traficar

De acuerdo con el expediente judicial, Cazares echó a andar la maquinaria de la agencia antidrogas, una vez que fue aceptado como recaudador y lavador de los ingresos de Guzmán Loera en las calles de Norteamérica.

En los 12 meses posteriores a marzo de 2010, pidió a otros agentes de la DEA fungir como sus emisarios para recoger maletas de dinero en lugares públicos de Nueva York, San Diego, Houston, Chicago y las ciudades de Pickerington, Ohio, y Braintree, Massachusetts.

En Canadá, sus colegas fueron a Vancouver y Montreal a recolectar los fajos de dólares. Otros policías filmaron, fotografiaron y siguieron en secreto a los testaferros que le hacían la entrega del efectivo en todas las ciudades.

La confianza de los operadores de “El Chapo” empezó a reflejarse gradualmente en los montos que le delegaban.

El 9 de abril de 2010, uno de sus subordinados recogió en Nueva York 543 mil 841 dólares, de los que Cazares depositó 505 mil 772 a la cuenta de Nueva York, controlada por la DEA. Siempre descontaba su comisión.

El 21 de mayo, acopió 968 mil 105 dólares canadienses en Vancouver y depositó 808 mil 966; el 6 de octubre siguiente recibió en la misma ciudad 3 millones 291 mil 970 dólares canadienses, la mayor suma de todas sus operaciones.

Este dinero lo entregó a unos colombianos en Vancouver, para financiar un embarque de cocaína en Ecuador, patrocinado por el Cártel de Sinaloa.

En un año, Cazares lavó 4 millones 921 mil 199 dólares y 8 millones 339 mil 25 dólares canadienses en 24 operaciones de este tipo en Estados Unidos y Canadá, es decir, lavó dos entregas de dinero mensuales.

Por sus servicios de recaudación y lavado de más de 13 millones de dólares, el agente encubierto cobró alrededor de 663 mil dólares, si se considera que las dos monedas hoy tienen casi la misma paridad.

En una declaración jurada del 1 de julio de 2011, ante la Corte californiana, Cazares dijo que el dinero que recogieron sus muchachos en Canadá y parte del recolectado en Houston y Nueva York pertenecía a La Familia Michoacana, en ese entonces liderada por Nazario Moreno, “El más loco”, amigo personal de “El Chapo”.

Sus atractivos servicios, que garantizaban seguridad y confidencialidad a un costo relativamente aceptable, tuvieron eco y llegaron a los oídos de hombres que pertenecían al primer círculo del capo del Cártel de Sinaloa.

De acuerdo con el expediente de la Corte estadounidense, el 5 de mayo de 2010, Cazares fue citado en San José de Costa Rica por Óscar Domínguez Villa Díaz, un sinaloense de 66 años, y Rodrigo Colmenares y Sánchez Soto, de 36.

Ambos le contaron que parte del dinero que había acopiado en abril de 2010 pertenecía a “El Señor”, un hombre de relación estrecha con “El Chapo” que le tenía una propuesta: transportar 4 toneladas de cocaína de Ecuador a Los Ángeles, California.

Como de entrada dijo sí, llamaron a Jorge Guillermo González Cárdenas, un hombre bajo de estatura de 40 años de edad, quien al poco tiempo apareció en la cita y se presentó como “El Ingeniero”, un representante de “El Señor”.

“‘El Ingeniero’ estuvo de acuerdo en pagar de 3 mil 500 a 4 mil 500 por kilo. Concordó en pagar por adelantado 40 por ciento de su comisión”, recuerda Cazares de ese encuentro que estuvo vigilado y fotografiado por la DEA.

La caída de “El Señor”

Dar un salto en sus actividades delictivas, ingresar al negocio de la cocaína, le exigía cumplir con otras formalidades.

Cazares relata que en los primeros cinco meses que le hablaron de “El Señor”, nadie le pudo decir su nombre, su lugar de residencia, un número de radio, teléfono o correo electrónico, pese a que el sinaloense había contratado sus servicios.

La información de las operaciones de cocaína era aun más sesgada, pues hasta debió aprender de memoria una serie de códigos escritos a mano en un pedazo de papel, que le dieron el 21 de mayo de 2010 en un encuentro que tuvo en San Diego.

Para todas sus comunicaciones, debía decir 035 para denominar la cocaína, 065 el dinero, 030 la Ciudad de México, 070 la ciudad de Los Ángeles, 010 Ecuador, 100 Estados Unidos, 200 Canadá y 01 denominaba a Bogotá, capital de Colombia. Eso decía el pedazo de papel.

También lidió con sujetos que, por motivos de seguridad, suplantaban la identidad de los traficantes.

Cuenta “El 050” que el 14 de septiembre de 2010 se reunió en Santo Domingo, República Dominicana, con González Cárdenas, a quien conoció en Costa Rica, y otro sujeto de nombre Rigoberto Días Paniagua, porque le iban a presentar a “El Señor”, para que ultimara detalles de la transacción de cocaína.

El hombre que se presentó como “El Señor” era de 1.60 de estatura y 36 años de edad.

“González Cárdenas falsamente me presentó a Luis Roberto García Fierro como ‘El Señor’ en una tentativa de convencerme. Sin embargo, en un momento durante la reunión, González Cárdenas y García Fierro me dijeron que ‘El Señor’ no había podido venir a la reunión. Entonces les dije que estaba enojado”, declaró Cazares.

A partir de ese momento, “El Señor” se convirtió en una obsesión para el agente encubierto de la DEA. Insistió a sus interlocutores en que estaba muy molesto por la condición impersonal del trato. Quería conocerlo.

Cazares pronto recibió una llamada telefónica donde le prometieron una cita el 1 de octubre de 2010 con el narcotraficante en un restaurante de Del Mar, California. Llegaron Luis Horacio Ramírez de Arellano Morales y Efraín Días Paniagua. Éste le entregó una Blackberry que le mandaba “El Señor”.

“Me dio instrucciones sobre cómo codificar y descifrar manualmente los números telefónicos que enviara o recibiera en el Blackberry.

“El 2 de octubre yo le dije a González Cárdenas que estaba enojado porque Félix no había asistido a la reunión en la República Dominicana y porque había mandado a un impostor a la reunión de Del Mar. Le dije que yo no avanzaría con el proyecto de la cocaína hasta que supiera la verdadera identidad de ‘El Señor'”.

Ante su insistencia, ese día González le dijo que “El Señor” era el sinaloense Víctor Manuel Félix Félix, padre de una muchacha que estaba casada con un hijo de “El Chapo”, de quien además era compadre.

Dos semanas más tarde, González Cárdenas llamó a Félix y le pasó por teléfono a Cazares, quien por vez primera conoció su voz.

“Le dije que yo era la persona ubicada en 100 (Estados Unidos), Félix me preguntó si yo era ‘050’ y yo le dije que sí. Me pidió disculpas por no haber asistido a República Dominicana y dijo que el motivo del retraso era que él no había podido mandar dinero a Ecuador. Félix me dijo que estaría 100 por ciento listo en un plazo de una semana a 10 días”.

Cárdenas, García Fierro y el agente encubierto de la DEA se encontraron el 4 de noviembre en Guayaquil, Ecuador, para coordinar la recepción de 4 mil 123 kilos de cocaína de Félix.

El costo había sido garantizado un mes atrás con un pago en efectivo en Vancouver por 3 millones 291 mil 970 dólares canadienses y un edificio con valor de 25 millones de dólares.

El 6 de noviembre de 2010 entregaron a Cazares 2 mil 513 kilos de alcaloides en ladrillos de cinta adhesiva color café que llevaban estampados los números 777 y un símbolo de la cabeza de un águila, muy característicos en paquetes que antes habían sido ubicados en Washington, Pensilvania, Arizona y Texas y Caléxico.

La DEA y las autoridades ecuatorianas dieron el primer golpe al asegurar el cargamento en un rancho.

Preocupado por la pérdida, ese día Félix habló por teléfono a Cazares. La DEA también escucharía la conversación.

Cazares le dijo: “Ya está usted hablando conmigo directamente y si… en un futuro en la 100 (EU) tenemos que ajustarnos con algo, pues adelante ¿no? El chiste es ayudarnos y le digo, hablar de un contrato más extenso ¿no? Más que nada. Yo sé que a veces es más fácil lidiar con una sola persona que con diferentes servicios y diferentes compañías, entonces, pues de antemano sí nos tenemos qué ajustar a algo que otra compañía le cobre, pues adelante”.

Félix contestó: “Sí, claro. Sí, eso es lo bueno, que estamos directamente platicando porque a veces nos llegan diferentes informaciones y ya, o nos distorsionan las informaciones y el ‘yo creía’, ‘yo pensaba’… y por eso se echan a perder a veces negociaciones”.

El agente encubierto esperó a que el 19 de enero de 2011 su socio colombiano Gilberto Giraldo Ávila le entregara otros 500 kilos, esta vez sellada en ladrillos que tenían impreso el logo de la marca de vehículos Mazda. Al día siguiente la droga fue asegurada.

El 21 de enero, una vez que Giraldo le entregó otros 340 kilos, “El 050” envió un e-mail a Félix: “recibí 17 de 20 cada uno, por un total de 340…035 (cocaína)”. El mismo día el cargamento fue incautado por la policía ecuatoriana.

La misma suerte corrió otro embarque de 340 kilos, intervenido por autoridades el 13 de marzo en Guayaquil, y uno de 430 kilos, el 17 del mismo mes.

Félix no sabía que esta carga era la última que operaba. Al día siguiente, con la información de la DEA, la Policía Federal detuvo a “El Señor” en el DF y a otros 8 cómplices en Jalisco y Quintana Roo.

La redada tuvo un efecto dominó, pues en Ecuador fueron capturados 9 abastecedores de Félix, en Estados Unidos 12 personas fueron acusadas de entregar dinero al agente encubierto Cazares, en Canadá 5 cómplices fueron identificados y en Colombia uno más.

Cuando el 22 de marzo del año pasado anunció la captura de Félix y sus cómplices, la Policía Federal dijo que la investigación había sido bautizada como “Operación Colmena” y que había iniciado a mediados de 2009 con el intercambio de información con la Policía de Ecuador.

Nunca mencionó que la información primaria había sido generada por Estados Unidos, gracias a un agente encubierto que durante dos años infiltró y llevó a cabo actividades criminales… para detener a criminales.

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Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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