Fundación de la infancia…Espejos

 

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Cuando no los mataba la peste, a los niños pobres se los llevaba el frío o el hambre. La ejecución por hambre podía ocurrir en los días tempranos, si no sobraba bastante leche en las tetas de las madres, que eran nodrizas pobres de bebés ricos. Pero tampoco los bebés de buena cuna se asomaban a una vida fácil.

En toda Europa, los adultos contribuían a elevar la tasa de mortalidad infantil sometiendo a sus hijos a una educación más bien severa. El ciclo educativo comenzaba cuando el bebé era convertido en momia. Cada día, la servidumbre lo embutía, de la cabeza a los pies, en un envoltorio de vendas y fajas muy apretadas.

Así se cerraban sus poros al paso de las pestes y los vapores satánicos que

poblaban el aire, y se lograba que la criatura no molestara a los adultos. El bebé, prisionero, mal podía respirar, ni se le ocurría llorar y sus piernas y brazos estrujados le prohibían moverse.

Si las llagas o la gangrena no lo impedían, este paquete humano pasaba a las etapas siguientes. Mediante el uso de correas le enseñaban a pararse y a caminar como Dios manda, evitando la costumbre animal de andar en cuatro patas. Y después, cuando ya estaba más crecidito, comenzaba el uso intensivo

del látigo de nueve colas, los bastones, las palmetas, las varas de madera o

hierro y otros instrumentos pedagógicos.

Ni los reyes se salvaban. El rey francés Luis XIII fue coronado cuando cumplió ocho años, y empezó el día recibiendo una ración de azotes. El rey sobrevivió a su infancia.

Otros niños también sobrevivieron, quién sabe cómo, y fueron adultos perfectamente entrenados para educar a sus hijos.

 

El papá del Ogro

Los más famosos cuentos infantiles, obras terroristas, también merecen figurar en el arsenal de las armas adultas contra la gente menuda.

Hansel y Gretel te advierten que serás abandonado por tus padres, Caperucita Roja te informa que cada desconocido puede ser el lobo que te comerá, la Cenicienta te obliga a desconfiar de las madrastras y las hermanastras. Pero entre todos los personajes, el Ogro es el que más eficazmente ha enseñado la obediencia y ha difundido el miedo en las huestes infantiles.

El Ogro comeniños de los cuentos de Perrault tuvo por modelo a un ilustre caballero, Gilles de Rais, que había peleado junto a Juana de Arco en Orleans y en otras batallas.

Este señor de varios castillos, el mariscal más joven de Francia, fue acusado de torturar, violar y matar a los niños errantes que deambulaban por sus señoríos en busca de pan o de empleo en los coros que cantaban sus hazañas.

Sometido a tortura, Gilles confesó centenares de infanticidios, con detallados relatos de sus deleites carnales. Acabó en la horca.

Cinco siglos y medio después, fue absuelto. Un tribunal, reunido en el Senado de Francia, revisó el proceso, dictaminó que era una patraña y revocó la sentencia.

Él no pudo celebrar la buena noticia.

 El Ogro tártaro

 Gengis Kan fue el Ogro de los cuentos que durante mucho tiempo aterrorizaron a los adultos europeos, el Anticristo que encabezaba las hordas enviadas por Satán desde Mongolia.

—¡No son hombres! ¡Son demonios! —clamaba Federico II, rey de Sicilia y de

Alemania.

En realidad, Europa estaba ofendida porque Gengis Kan no se había dignado invadirla. La había despreciado, por atrasada, y había preferido el Asia. Y con métodos no muy delicados había conquistado un enorme imperio, que se extendía desde la meseta mongola hasta la estepa rusa, pasando por

China, Afganistán y Persia.

La mala fama se transmitió a todos los miembros de la familia Kan. Sin embargo, el nieto de Gengis, Kublai Kan, no se comía crudos a los viajeros europeos que muy de tanto en tanto llegaban hasta su trono de Pekín.

Los agasajaba, los escuchaba, les ofrecía empleo.

Marco Polo trabajó para él.

 

Don Quijote

 Marco Polo había dictado su libro de las maravillas en la cárcel de Génova.

Exactamente tres siglos después, Miguel de Cervantes, preso por deudas, engendró a don Quijote de La Mancha en la cárcel de Sevilla.

Y ésa fue otra aventura de la libertad, nacida en prisión.

Metido en su armadura de latón, montado en su rocín hambriento, don Quijote parecía destinado al perpetuo ridículo. Este loquito se creía personaje de novela de caballería y creía que las novelas de caballería eran libros de historia.

Pero los lectores, que desde hace siglos nos reímos de él, nos reímos con él.

Una escoba es un caballo para el niño que juega, mientras el juego dura, y

mientras dura la lectura compartimos las estrafalarias desventuras de don

Quijote y las hacemos nuestras.

Tan nuestras las hacemos que convertimos en héroe al antihéroe, y hasta le atribuimos lo que no es suyo. Ladran, Sancho, señal que cabalgamos es la frase que los políticos citan con más frecuencia. Don Quijote jamás la dijo.

El caballero de la triste figura llevaba más de tres siglos y medio de malandanzas por los caminos del mundo, cuando el Che Guevara escribió la

última carta a sus padres. Para decir adiós, no eligió una cita de Marx. Escribió:

“Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo”.

 Navega el navegante, aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo

guían.

 

Derecho laboral

 Rocinante, el corcel de don Quijote, era puro hueso:

—Metafísico estáis.

—Es que no como.

Rocinante rumiaba sus quejas, mientras Sancho Panza alzaba la voz contra

la explotación del escudero por el caballero. Él se quejaba del pago que recibía

por su mano de obra, no más que palos, hambres, intemperies y promesas, y

exigía un salario decoroso en dinero contante y sonante.

A don Quijote le resultaban despreciables esas expresiones de grosero materialismo. Invocando a sus colegas de la caballería andante, el hidalgo

caballero sentenciaba:

Jamás los escuderos estuvieron a salario, sino a merced.

Y prometía que Sancho Panza iba a ser gobernador del primer reino que su

amo conquistara, y recibiría título de conde o de marqués.

Pero el plebeyo quería una relación laboral estable y con salario seguro. Han pasado cuatro siglos. En eso estamos todavía.

 

Erasmo

 Erasmo de Rotterdam dedicó a su amigo Tomás Moro el «Elogio de la

locura».

En esa obra, la Locura hablaba en primera persona. Ella decía que no había

alegría ni felicidad que no se debiera a sus favores, exhortaba a desarrugar el

entrecejo, proponía la alianza de los niños y los viejos y se burlaba de los

arrogantes filósofos, los purpurados reyes, los sacerdotes piadosos, los pontífices tres veces santísimos y toda esa turba de dioses.

Este hombre molestoso, irreverente, predicó la comunión del evangelio cristiano con la tradición pagana:

San Sócrates, ruega por nosotros.

Sus insolencias fueron censuradas por la Inquisición, incluidas en el índex

católico y mal vistas por la nueva iglesia protestante.

 

Las edades de Rosa María

 Cuando tenía seis años, en 1725, un navío negrero la trajo del África, y en

Río de Janeiro fue vendida.

Cuando tenía catorce, el amo le abrió las piernas y le enseñó un oficio.

Cuando tenía quince, fue comprada por una familia de Ouro Preto, que desde entonces alquiló su cuerpo a los mineros del oro. Cuando tenía treinta, esa familia la vendió a un sacerdote, que con ella practicaba sus métodos de exorcismo y otros ejercicios nocturnos.

Cuando tenía treinta y dos, uno de los demonios que le habitaban el cuerpo

fumó por su pipa y aulló por su boca y la revolcó por los suelos. Y ella fue por

eso condenada a cien azotes en la plaza de la ciudad de Mariana, y el castigo le dejó un brazo paralizado para siempre.

 

Cuando tenía treinta y cinco, ayunó y rezó y mortificó su carne con cilicio, y

la mamá de la Virgen María le enseñó a leer. Según dicen, Rosa María Egipcíaca da Vera Cruz fue la primera negra alfabetizada en Brasil.

Cuando tenía treinta y siete, fundó un asilo para esclavas abandonadas y

putas en desuso, que ella financiaba vendiendo bizcochos amasados con su

saliva, infalible remedio contra cualquier enfermedad.

Cuando tenía cuarenta, numerosos fieles asistían a sus trances, donde ella

bailaba al ritmo de un coro de ángeles, envuelta en humo de tabaco, y el Niño

Jesús mamaba de sus pechos.

Cuando tenía cuarenta y dos, fue acusada de brujería y encerrada en la cárcel de Río de Janeiro. Cuando tenía cuarenta y tres, los teólogos confirmaron que era bruja porque pudo soportar sin una queja, durante largo rato, una vela encendida bajo la lengua.

Cuando tenía cuarenta y cuatro, fue enviada a Lisboa, a la cárcel de la Santa

Inquisición. Entró en las cámaras de tormento, para ser interrogada, y nunca

más se supo.

 

El perdedor

 

Predicó en el desierto y murió solo.

Simón Rodríguez, que había sido maestro de Bolívar, anduvo medio siglo

por los caminos de América, a lomo de mula, fundando escuelas y diciendo lo

que nadie quería escuchar.

Un incendio se llevó casi todos sus papeles. Éstas son algunas de las

palabras que sobrevivieron.

* Sobre la independencia: Somos independientes, pero no libres. Hágase algo por unos pobres pueblos que han venido a ser menos libres que antes. Antes tenían un rey pastor, que no se los comía sino después de muertos. Ahora se los come vivos el primero que llega.

* Sobre el colonialismo mental: La sabiduría de Europa y la prosperidad de

los Estados Unidos son, en América, dos enemigos de la libertad de pensar.

Nada quieren las nuevas repúblicas admitir, que no traiga el pase… ¡Imiten la

originalidad, ya que tratan de imitar todo!

 

* Sobre el colonialismo comercial: Unos toman por prosperidad el ver sus puertos llenos de barcos… ajenos, y sus casas convertidas en almacenes de efectos… ajenos. Cada día llega una remesa de ropa hecha, y hasta de gorras

para los indios. En breve se verán paquetitos dorados, con las armas de la corona, conteniendo greda preparada «por un nuevo proceder», para los muchachos acostumbrados a comer tierra.

* Sobre la educación popular: Mandar recitar de memoria lo que no se entiende, es hacer papagayos. Enseñen a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.

 

Eduardo Galeano, Espejos

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Acerca de tapanco

Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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