VOTARAN LAS ALMAS MUERTAS EN MEXICO…?

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Estamos frente a un complicado proceso electoral en México, después de que; en los últimos años, Washington ha impuesto su política militar-policial, con la ayuda del presidente en turno. Hay un gran número de familias enlutadas, de mexicanos y centroamericanos desaparecidos que  representan un número, una cifra, un alma muerta. Me viene a la memoria, la Rusia de principios de siglo XX, y no puedo evitar hacer referencia a una de las obras cumbres de Nicolás Gogol, que aquí se describe en un fragmento:

LAS ALMAS MUERTAS

Sobakevich escuchó toda esa perorata moviendo la cabeza en señal de aprobación, mientras Chichikov, continuaba:

–          … y que teniendo en cuenta la situación efectiva de este imperio, cuya historia no tiene para igual, los campesinos registrados en el censo, cuando acaban su carrera en esa vida, siguen figurando en ellos hasta la presentación de nuevos registros del censo, con la misma consideración que los vivos, aunque por otra parte los recién nacidos no se inscriban en las listas con el fin de no sobrecargar las oficinas con un fin de tramites inútiles y superfluos, y para no aumentar la complicación de mecanismo de Estado, ya de por sí tan complicado…

Sobakevich seguía escuchando y aprobando con la cabeza. Y a pesar de lo justa que era esta medida o cierto es que resulta muy onerosa para un gran numero de propietarios. Puesto que les obliga a pagar por ellos el impuesto exactamente igual que para los vivos. Sintiendo como siento para usted un afecto personal, estoy dispuesto a tornar sobre mis hombros esta obligación tan penosa para usted, la de los impuestos a pagar por los individuos que ya no existen.

 

Al  llegar a este punto delicado, Chichkov habló con mucha cautela: No dijo almas muertas, sino <<las que ya no existen>>

Sobajevich escucho el último párrafo exactamente igual como había escuchado los anteriores, sin que en su rostro se reflejase más ligera expresión. Parecía que en aquel cuerpo no habitaba alma alguna; por lo menos su alma debía estar rodeada por una muralla tan gruesa que todo lo que la estremecía no producía la menor señal en la superficie.

–          De modo que… – dijo Chichikov, esperando la respuesta, no sin cierta agitación.

–          De modo que necesita usted almas muertas?

–          Pregunto Sobakevich simplemente sin dar la menor señal de sorpresa, exactamente igual que si se tratara de trigo.

–          Si, – contestó Chichikov y volvió a suavizar la expresión agregando – Almas que ya no existen.

–          Las hay como no…

–          Estupendo; y supongo que le resulta muy agradable desprenderse de ella.

De acuerdo, estoy dispuesto a venderlas – dijo Sobakevich, levantando un poco la cabeza y calculando que su comprador debía de pensar en sacar algún provecho de ellas. . , «Que diablos! – Pensó Chichikov para sus adentros – Este las vende antes que yo haya abierto la boca», y agrego en voz alta – Y, dígame: Acerca del precio, aunque, por otra parte, es un objeto… que hasta se hace raro hablar de ‘precio…

– Para no abusar de usted se las cederé por cien rublos cada una.

– Cien rublos! –exclamo Chichikov con la boca abierta y mirándole a los ojos, preguntándose si había oído bien o si la lengua de Sobakevich seguramente tan burda y torpe como toda su persona, había pronunciado una palabra por otra.

–  Le parece caro? Cual es entonces su precio?

– Mi precio? Seguramente estamos sufriendo un error o no nos entendemos el uno al otro; hemos olvidado en que consiste el asunto. Creo, con la mano en e1 corazón, que ochenta copecs por alma es el mejor precio.

– Y usted cree que por ochenta copecs…? – A mi juicio no puede darse mas por ellas – Pero no le estoy vendiendo zuecos! – Reconozca, sin embargo, que no se trata de hombres.

De modo que cree usted haber encontrado  a un hombre lo suficiente tonto para venderle por ochenta copecs almas que figuran en el registro?

– Perdón, figuran en el registro, pero han muerto hace ya tiempo; no son más que un nombre,  una cosa impalpable… Veamos…. para no prolongar mas la discusión, estoy dispuesto a darle a usted un, rublo y medio por alma, si le parece bien. . Pero no más.

Como no le da vergüenza ofrecer esa ‘cantidad? Está usted regateando. Dígame el último precio.

– .:-No puedo, Mijail Simionovich; crea en mi ·palabra, no puedo; lo que es imposible es imposible – dijo Chichikov; sin embargo, añadió – daré cincuenta copecs mas.

 

–          Por que .es usted tan tacaño? -dijo Sobakevich – Reconozca que no es caro. Cualquier otro, un granuja, seguramente le engañaría, le vendería cualquier porquería en lugar de almas; en cambio yo le ofrezco un material selecto. Por ejemplo, ahí tiene el constructor de carros Mijelev; últimamente ya no construye carros, sino que se ha especializado en los muelles, pero no muelles como los que se hacen en Moscú y que solo duran una hora. Muelles sólidos de verdad.

Chichikov abrió la boca para objetar que Mijelev hacia mucho tiempo había dejado de ser de este mundo, pero Sobakevich entro, como suele decirse, de lleno en el asunto y empezó a hablar con volubilidad.

-Y Propka Stepan, el carpintero? Apuesto mi cabeza que no encontrara usted un mujic como este, ¡Que fuerza tiene!… ¡Y que gallarda estampa haría en la guardia!… Casi mide dos metros de alto.

 

Chichikov intentó hacer notar que Propka había dejado de existir, pero Sobakevich soltó un diluvio de palabras tal que tuvo que resignarse y escuchar · en silencio. – Y Milushkin, el ladrillero… Y Maxim Teliatnikov, el zapatero, pica un poco de suela, y ya tiene las botas hechas… iY que botas!, perfectas, lo mismo si esta borracho que si no. Y Eremel Sorokoplojim! Ese solo vale para todos… Se ocupa de vender mis productos en Moscú y cada año me trae quinientos rublos! Y esos no se los vendería un Plushkin.

-Permítame -dijo por fin Chichikov, avasallado con aquel torrente de palabras, que parecía no iba a terminar nunca -Para que menciona usted todas sus cualidades? Ahora no pueden reportar ninguna utilidad, están muertos.

– Es verdad, están muertos -admitió Sobakevich, como si al pensar en ello se hubiese acordado súbitamente de que habían fallecido; luego añadió

-Que puede decirse de esas personas que figuran como seres vivos’? Nada, Qué son en realidad? Moscas y no hombres. . -Pero existen, y esos suyos son una quimera.

– No, no son una quimera. Le voy a demostrar a usted quien era Propka, No encontraría a otro igual; un tipo que no cabria en esa habitación no puede decirse que sea una quimera. Y con una fuerza en los hombros! … Me gustaría saber .donde podría encontrarse un tipo igual! . Las últimas palabras las dirigió mirando los cuadros de Bragation y Kolokotroni. Eso suele ocurrir entre personas que están hablando; una de ellas, sin que nadie sepa el porque, se dirige de pronto no a aquel a quien van dirigidas sus palabras, sino a un tercero que acaba de llegar de pronto, un desconocido muchas veces, del que no puede esperar respuesta, consejo ni confirmación y al cual, sin embargo, dirige una mirada como para pedirle su arbitraje, mientras que el desconocido no sabe si debe responder o disimular, si quedarse por educación o irse por discreción .. _ No, no le puedo dar más de dos rublos dijo Chichikov.

– Bueno; para que no crea usted que le pide mucho y que no estoy dispuesto a hacerle un favor, se las cedo en setenta y cinco rublos por cabeza; pero en papel moneda, ¡y eso por amistad!

<<Me toma por loco?>> Penso Chichikov, y agregó en voz alta – Estoy realmente asombrado, parece que estamos representando una comedia; no me lo explico de otro modo. Me parece que usted es bastante inteligente, tiene fama de persona instruida. El asunto que tratamos es una tontería…

 

No tienen mas que hacerse un razonamiento muy sencillo: <<que valen en realidad? Para que sirven?>>

–          Puesto que desea usted comprarlos, para algo servirán.

Chichikov tuvo que morderse los labios sin saber que contestar. Empezó a hablar de algunos detalles de su familia, pero Sobakevich le interrumpió diciendo:

–          No ncesito saber sus relaciones familiares; no me meto en asuntos particulares, esto es cosa suya. Usted necesita almas y yo se las vendo; se arrepentirá usted de no haberlas comprado.

–          Dos rublitos dijo Chichikov.

–          Vaya! Que terquedad! Realmente usted es como la urraca de Jacob que solo tiene un nombre para llamar a todo el mundo, como dice el proverbio. Usted ha dicho dos rublos y no quiere salir de aquí, deme el último precio.

–          <<el diablo lo lleve, pensó Chichikov – el muy perro! Bueno, añadiré medio rublo>>

–          Vamos – dijo en voz alta – de acuerdo! Añadiré medio rublo.

–          Bueno. Yo también diré mi ultima palabra; cincuenta rublos. Salgo perdiendo, en ningún sitio podrá usted comprar gente tan buena.

–          Que tacaño! », dijo en voz baja Chichikov y luego prosiguió en voz alta y con cierto despecho. Cualquiera diría que se trata de una mercancía, como ‘las otras; en cualquier sitio las encontraré por nada. De seguro que habrá mucha gente que me las cederían con gusto, solamente para verse libres de ellas. Hay que estar loco para empeñarse en guardarlas y seguir pagando el impuesto por ellas.

–          Usted sabe bien que esta clase de ocasiones, entre nosotros sea dicho, no siempre están perrnitidas.

–           «Qué estará buscando el bribon?» -pensó Chichikov, quien dijo en voz alta y con aparente sangre fria: Como usted quiera: pero piense que no compro por necesidad como usted supone, sino siguiendo la tendencia de mis propias ideas. Usted no quiere aceptar dos rublos y medio. De acuerdo. Adiós.

–          <<A este no se le puede vencer, no se deja dominar» -pensó Sobakevich-. Bueno; deme treinta rublos y quédese con ellas.

–          No; veo que usted no desea venderlas. Adiós,

–          Un momento, un momento -dijo Sobakevich cogiéndole por una mana y pisándole con fuerza, puesto que nuestro héroe olvido en aquel memento la necesidad de precaverse

–          Le ruego que me perdone… siéntese aquí, por favor. Y le obligó rudamente a sentarse en un sillón.

–          Palabra, estoy perdiendo el tiempo inútilmente. Tengo prisa.

–          Quédese un memento. Voy a decirle algo agradable. .

–          Entonces Sobakevich se acerco y le dijo al oído, como si hubiese sido un secreto:

–          Vamos a partir la diferencia.

– No, no añadiré ni un solo copec,

– Sobakevich se callo y Chichikov hizo lo mismo.

– Hubo un par de minutos de silencio. Bagration, con su nariz de águila, contemplaba a la pareja desde lo alto de la pared can una atenci6n extraordinaria.

–          Cual es, pues, su ultimo precio? -dijo por fin Sobakevich.

–          Dos rublos y medio.

– Verdaderamente, para usted el alma humana es lo mismo que un rábano cocido. Deme por lo menos tres rublos.

– No puedo.

-No hay nada que hacer con usted. Salgo perdiendo; pero con mi maldito carácter no puedo dejar de complacer a un amigo. Y me figuro que hay que formalizar el acto de compra, para que todo este en regla.

– Naturalmente,

-Habrá que ir a la ciudad para eso.

Así se concluyo el negocio. Decidieron ir a la ciudad al día siguiente, para formalizar la compra de los siervos. Chichikov le pidió la relaci6n de los campesinos. Sobakevich accedió a ello de buena gana, y aproximándose al escritorio empezó a anotar los nombres de todos e incluso sus cualidades.

 

Mientras, Chichikov, que se encontraba detrás de él y que no tenia nada quehacer, se entretuvo examinando la vasta estructura de Sobakevich. Mientras miraba su espalda, ancha como la de los caballos de Viatka, y sus piernas poderosas, no pudo evitar decirse interiormente: «Dios te ha concedido una compensación, como suele decirse, eres un tipo mal hecho. Has nacido oso? O te has «osificado>> durante tu vida solitaria, mientras sembrabas tus granos, conviviendo con tus mujics?

Pero no, yo creo que no hubiera sido lo mismo de haber vivido en Petersburgo en lugar de habitar los bosques salvajes. Toda la diferencia consiste en que ahora te comes medio cordero de una vez; y en cambio de haber nacido en 1a ciudad comerías chuletas con trufas. Tienes a un buen número de mujics bajo tus órdenes, vives en buena armonía con ellos, y no les haces ningún daño porque son tuyos y los daños serían para ti, Pero si fuesen empleados tuyos, les tratarías a base de azotes, pensando que son tus siervos y que no perderías nada con su muerte.

-Ya esta lista la relación -dijo Sobakevich, volviéndose,

-Ya esta? Haga el favor de dármela.

Chichikov la recorrió con la vista, asombrándose de su precisi6n y pulcritud; no sólo había escrito detalladamente el oficio, el nombre, la edad y parentesco, sino que hasta figuraban en e1 margen unas observaciones particulares referentes a la conducta y sobriedad. Daba gusto mirar aquella lista.

-Ahora haga el favor de darme algo como paga y señal -dijo Sobakevich.

-Para que quiere usted algo? Cobrara usted todo de una vez en la ciudad.

-Es costumbre hacerlo así -repuso Sobakevich.

-Pero es que no puedo darle nada. No llevo dinero conmigo. Ah, si! Tengo casualmente unos

diez rublos.

-Diez rublos!… Al menos tiene que darme cincuenta.

Chichikov iba a negarse, pero Sobakevich dijo que estaba seguro de que llevaba dinero, de modo que no tuvo mas remedio que sacar de nuevo la cartera diciendo:

–          Es verdad, tengo quince rublos más, en total veinticinco. Hágame un recibo por favor.

–          Para que necesita un recibo?

–          Bueno, es mejor. Los tiempos cambian y no se sabe lo que pueda ocurrir.

–          De acuerdo. Deme el dinero.

–          Como que le de el dinero? Lo tengo en la mano. Cuando tenga el recibo preparado podrá quedarse con el dinero.

–          Usted perdone, pero para hacer el recibo quiero ver primero el dinero.

–          Chichikov permitió que los billetes pasaran de sus manos a las manos de Sobakevich, el cual acercándose a la mesa, los sujetó con los dedos de la mano izquierda, mientras escribía con la otra en un trocito de papel que había recibido veinticinco rublos en papel moneda a cuenta de la venta de almas. Una vez estuvo el recibo listo examino los billetes uno a uno y con el mayor detenimiento.

–          Este billete esta algo viejo – dijo, acercando una a la luz de la ventana – Está roto, pero entre amigos no vamos a mirar estas pequeñeces.

–          Avaro, avaro – decíase Chichikov – y de lo mas sucio que he visto.

–          Y no quiere usted almas del sexo femenino?

–          No, gracias.

–          No se las cobraría caras. Por amistad se las doy a rublo por cabeza.

–          No, no necesito mujeres.

–          Si no necesita, no hay nada que decir; en materia de gustos no hay nada escrito.

–          También quería pedirle que este asunto quede entre nosotros – dijo Chichikov despidiéndose.

–          Ni que decir tiene. No hay por que meter en eso a un tercero. Lo que se acuerda entre amigos debe quedar sellado por la amistad. jAdios!.. Y muchas gracias por su visita. Le ruego que ere ahora en adelante no nos olvide. Cuando tenga un momento libre venga por aquí y charlaremos un rato; además quien sabe si tendremos ocasión de sernos útiles uno al otro.

«En cuanto a eso ultimo estoy seguro de que no -pensaba Chichikov mientras subía a su coche-. Dos rublos y medio por cada alma muerta! Usurero del demonio! …»

Chichikov estaba muy descontento de la conducta de Sobakevich, quien, según el, debía haberle tratado como amigo, puesto que se habían conocido en casa del gobernador y se habían visto luego en la del jefe de policía…

 NICOLAS GOGOL, LAS ALMAS MUERTAS.

 “Y cuando fui a votar, mi abuelita que había muerto hace unos años, ya había votado!Estaba palomeada, dice la vox populli. Y me nace preguntar, qué uso perverso le dará el sistema “democrático mexicano” en este 2012 a las almas muertas?

60,000—250,000 almas, quien las comprará? Alguien le dará su justo valor a esas almas muertas, almas olvidadas y desdeñadas que deambulan y nos invitan a NO OLVIDARLAS.

Almas muertas que retan a la memoria histórica, al ver las manos del merolico que desde la pantalla quieren imponer, no sea que esas almas muertas le den el triunfo a su verdugo.

 
https://tapanco.files.wordpress.com/2012/05/medium.jpg?w=300

 

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Acerca de tapanco

Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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