MANUEL GONZALEZ Y LA COLONIA IMAGINARIA DE TAMAULIPAS…

Aquí una Carta, que vale la pena leer completa!

 UNA CARTA INTERESANTE

La compra de las Haciendas de Manuel González, hijo

 

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Tlalpan, D.F. diciembre 22 de 1905

Sr. D. Francisco Montes de Oca,

Editor de El popular, México.

Estimado señor y distinguido amigo:

En un numero del semanario «Leaves of Healing,» que se edita en Zion City, III., U. S. A. , y correspondiente al día 18 del pasado mes de noviembre, encontré un telegrama del Dr. don Alejandro Dowie, fechado en Ciudad Victoria, Tamaulipas, el día 12 del mismo mes.

En el se refiere el señor Dowie, en términos reticentes, a su proyectada compra de mis haciendas en el sur del Estado de Tamaulipas.

La lectura de dicho telegrama me causo cierta impresión; y como se lo enseñara a algún amigo mío, este me hizo notar que, desde el 17 de Noviembre, se había publicado EI texto del mismo en otros periódicos, con un proemio en el cual, desde el titulo, se agravaban las insinuaciones que en contra de mis terrenos hizo el señor Dowie a sus secuaces de Zion .

Fue mi propósito no hacer del dominio publico los antecedentes de este negocio, no solo porque no me agrada ser objeto de la curiosidad general, sino porque, al romper relaciones comerciales con el señor Dowie, les prornetí a los señores Lewis y Wilhite, que aparecen como sus apoderados, que no amargaría yo con mis declaraciones la triste y penosa situación en que

se encontraba su jefe. Pero puesto que este ha escrito para el público, desfigurando, a su antojo los hechos, y como de su torcida conducta se me originan perjuicios de verdadera importancia, me creo desligado de mi espontanea y generosa oferta, y estar en la obligación de dar al publico inteligente de México y de los Estados Unidos, conocimiento de las verdaderas causas que impidieron que la operación pactada entre el señor Dowie y yo, se llevara a debido efecto.

No solo me impulsa el hacer esta franca declaración el hecho de las publicaciones por medio de la prensa, llevadas a cabo por Dowie, sino también el de que, directa o indirectamente, se ha tratado de impresionar al publico por medio de párrafos, maliciosos a veces, que salieron en los periódicos de esta Capital, de Monterrey y de Tampico; párrafos que he creído dañosos para los intereses míos particulares y en parte, para los del Estado de Tamaulipas como futuro recipiente de colonias extranjeras.

Por eso tengo plena con fianza en que Ud  le dará a esta carta una generosa hospitalidad en las columnas de «El Popular.»

La historia condensada del negocio de Dowie es la siguiente:

A fines de Marzo, o principios de Abril de este año, llego el. señor Dowie a Tampico y a la ciudad de México, procedente de Zion City, Washington , Nueva York, las islas Bahamas y la capital de la Isla de Cuba, con el objeto de establecer una gran colonia de zionistas en la República Mexicana, de preferencia en el Estado de Tamaulipas. Después de haber pulsado la situación en Tampico, vino a México, armado de cartas de presentación de los hombres públicos más importantes y conspicuos de Washington para los más altos oficiales públicos de este país.

En la Ciudad de México fue recibido por nuestros hombres de gobierno con la cortesía y buena voluntad que siempre gastamos acá con los extranjeros industriosos y ricos, que nos llegan animados de cualquier aparente deseo de contribuir al desarrollo de nuestra riqueza y a la población de nuestro territorio, como inmigrantes dignos de apoyo y atención.

Uno de los personajes mas conspicuos y ameritados de entre nuestros hombres públicos me puso en contacto con el Sr. Dowie, para que este fuera a ver, sin dificultad alguna, parte de los terrenos de mi propiedad en el Estado de Tamaulipas, ubicados en el Distrito Sur del mismo Estado, al norte, y noroeste del puerto de Tampico. A la persona comisionada para servir de intermediario entre el Sr. Dowie y yo, le manifesté mi conformidad. Di las órdenes necesarias para que el Sr. Dowie y su acompañamiento pudieran ver mis propiedades antedichas, permaneciendo yo en este Distrito Federal.

Volvió el Sr. Dowie, y después de haberme manifestado que quedaba contento de la

Inspección que había hecho de los predios de mi pertenencia, subscribirnos y depositamos en la Notaria Publica del Sr. Lic. Jesús Trillo, de la ciudad de México una minuta de contrato, en virtud de la cual, le di opción gratuita, hasta el 17 de Octubre de

este mismo año, para que pudiera comprarme mis haciendas de «Tancasneque,» «El

Cojo,» «Cuestecitas,» «Santa María y anexas,» en la cantidad de un millon ciento

Cincuenta mil pesos oro americano, enteramente libres para mi , siendo de cuenta de Dowie todos los gastos de escritura y de translación de dominio, etc., y cualesquiera otros que se tuvieren que erogar.

Dejé depositados en la oficina de su apoderado jurídico en México, todos los planos de mis propiedades, las escrituras correspondientes, una copia certificada de la sentencia en el juicio de apeo y deslinde, con la conformidad de todos los colindantes; me comprometí a no vender ganado de esas fincas, sino para lo que fuera estrictamente necesario para los pagos de rayas de los sirvientes; y así pasaron las cosas hasta principios de Octubre del año actual, época en la que el Sr. Dowie volvió de los Estados Unidos para llevar a cabo la operación de compra venta que teníamos apalabrada.

Llego el Sr. Dowie a México, después de haber sanado, por medio de sus oraciones , de un ataque de parálisis que sufrió en Zion City a principios del mes de Octubre , y, después de haber estado mas de seis días en oración para conseguir su convalecencia, conferencio can algunos altos oficiales públicos y les pidió, para su futura colonia, concesiones muy amplias, como me parece que son las siguientes: la construcción de un ferrocarril desde la futura ciudad de Zion, cerca de Tampico, hasta el Puerto de Matamoros; la del establecimiento de un puerto para buques de alto calado en la desembocadura del río de Soto la marina: la de privilegio de pesca exclusivo, desde la de dicho río hasta la del Panuco; la del dragado, gratis, del rio Tamesí para el uso de sus vapores; la del establecimiento, gratis, por el Gobierno Federal, de muelles para el el usa especial de la colonia, tanto en el rio Tamesí como en el de Sotolamarina. A esto hay que agregar que pedía concesión para la exploración de una zona minera que abrazara los 160 sitios de ganado mayor que componen mi propiedad, y los doscientos que son de la del Sr. López, así como las demás exenciones de ley que se acostumbra dar a las compañías colonizadoras: tenia, además, la pretensión de establecer sus aduanas propias y de poder legislar en materias municipales para la salvaguardia de la moralidad publica en las futuras ciudades que iba a fundar.

Como de haberse allanado el Gobierno Federal a semejantes exigencias, hubiera tenido que gastar de ocho a diez millones de pesos en subvenciones para el ferrocarril a Matamoros, y para la apertura del puerto en la barra del rio Sotolamarina, entiendo, sin que pueda asegurarlo, que, ni el Sr. Presidente Díaz, ni su hábil y circunspecto Ministro de Hacienda, el Sr. Limantour, han de haber podido satisfacer los deseos de D. Alejandro Dowie en lo que toca a estas dos pretensiones del ultimo; no solo porque los compromisos que tiene el Gobierno Mexicano con las líneas Nacionales de México se lo impedian para lo primero, sino porque la segunda exigencia no habría podido haber sido justificada, sino en el casoe1el que el Sr. Dowie hubiera llegado a ser dueño de los terrenos que ambicionaba y de que los hubiera poblado de una manera conveniente, a satisfacción de las Secretarias de Estado respectivas.

En cuanto a las demás pretensiones del Sr. Dowie, pudieran haber sido satisfechas por el Gobierno Mexicano, siempre dentro de la amplitud de las leyes federales, sin hacer una excepción del caso.

Pero, aun en este ultimo supuesto, habría habido necesidad de que el Sr. Dowie hubiera sido dueño de terrenos en el Estado de Tamaulipas.

De lo contrario, el Gobierno Federal se hubiera expuesto a conceder franquicias en vago: y franquicias de tal consideración, que hubieran podido llegar a ser objeto de especulaciones en los mercados extranjeros, sin que su concesión hubiera traído aparejado consigo el establecimiento de las colonias en Tamaulipas, objeto principal que hubiera podido ser motivo de la longanimidad y benevolencia del progresista Gobierno de la Nación.

La contrariedad que sufrió el Sr. Dowie al encontrarse con esta inteligente renuencia de parte del Gobierno Federal, y la no menos atendible razón de que su salud estaba resentida a causa de su reciente ataque de parálisis en Zion City, motivaron que no hubiera yo podido ver a dicho señor sino hasta el 14 de Octubre del presente año, víspera, si mal no recuerdo, de su ida a Tampico a restablecer su salud.

En la conferencia que con el tuve, delante de los Sres. Lewis y Wilhite, me manifestó, con cierta acerbidad, la mala impresión que le había causado el fracaso de sus pretensiones ante el Gobierno Federal. Me dijo, además, que en virtud del cambio de política del mismo Gobierno, en materia de concesiones ferrocarrileras, creía no poder cumplir para el 17 de Octubre, es decir, tres días después, con el pacto de opción celebrado seis meses antes, según minuta extendida por ante el notario D. Jesús Trillo.

Le dije que lo relevaba de todo compromiso y me dio las gracias;  añadiendo que no quería ni podía abandonar la empresa, porque no le convenía hacerlo, y que al día siguiente, los Sres. Lewis y Wilhite pasarían a verme a mi casa de Tlalpan para arreglar las bases de un nuevo compromiso, en tanto que el hacia su viaje a Tampico con motivo de su enfermedad.

Al día siguiente, dichos señores tuvieron una conferencia conmigo. Pero antes de referir lo que en ella se hablo, me parece oportuno hacer conocer las bases principales del contrato de opción anterior.

En dicho contrato se estipulo lo que a continuación se expresa: PRIMERO: EI precio seria de un millón ciento cincuenta mil pesos, moneda en oro de los Estados Unidos de América: la cuarta parte seria entregada al vendedor el 17 de Octubre de este año , y las otras tres cuartas partes serian pagadas a 3, 6 y 9 meses e1e la fecha del primer abono.-SEGUNDO: Los gastos de escritura y translación de dominio serian satisfechos por el comprador.-TERCERO: La parte insoluta del precio ganaría un o por ciento anual, pagadero por trimestres vencidos.-CUARTO: EI vendedor no dispondría de los ganados de las haciendas, durante los seis meses de la opción, sino para hacer gastos indispensables de rayas y contribuciones.

Hecha la mención anterior, hablare de la conferencia.

A los Sres. Lewis y Wilhite les manifesté en ella que estaba a sus órdenes para escuchar sus proposiciones. Entonces dichos señores volvieron a hacer hincapié el cambio de la política ferrocarrilera del Gobierno Mexica no, y volvieron también a encarecerme, en nombre del Sr. Dowie, su deseo de llegar a un nuevo arreglo, en vista de las circunstancias.

Sin ser tan acerbos como su jefe, no dejaron de herir mi susceptibilidad, al referirse a la inconsecuencia del Gobierno, y tuve que irles a la mano porque así era mi deber: pues si ellos creen en el Apóstol Dowie y en su buen juicio, yo creo mas en el buen juicio de nuestros grandes hombres de Estado que manejan los intereses y regulan los destinos de México.

Pasada esta fricción, les dije que no rebajaba ni un solo centavo del precio fijado; y como me dijeran que lo esencial para ellos y Dowie era la cuestión de tiempo, establecimos el siguiente modo de pago: un 25 por ciento al tirarse la minuta, otro 12 y medio por ciento al plazo de tres meses, y el 62 y medio por ciento restante a pagar a voluntad en los años de 908, 909  y 910, ganando lo  insoluto el 6 por ciento anual con la hipoteca de la propiedad vendida.

La única modificación propuesta por el Sr. Lewis fue la siguiente: que tendría que darle al Apóstol, al hacérseme el primer abono, titulo pleno, sin gravamen alguno, de 20 a 25 mil acres de terreno que ellas escogerían para poder venderlos a los colonos zionistas, que ya habían adelantado dinero a Dowie; al 7 por ciento anual , con garantía de mis propios terrenos.

Acepte esta última proposición para facilitar al Apóstol la manera de salir de la falsa situación en que se hallaba. Solo les puse por condición que, para antes del ultimo día de Octubre, me telegrafiaran de Tampico (hacia donde saldrían en breve para conferenciar con su jefe), si aceptaban o no mis proposiciones, pues así les daría: ocho o diez días del mes de Noviembre para cerrar el trato, o para quedar yo en absoluta libertad para entenderme con otros compradores de México y de Nueva York.

No volví a saber de los Sres. Lewis y Wilhite; pero el 31 de Octubre recibí un telegrama del Sr. Dowie en el que me citaba para el 8 de Noviembre en Ciudad Victoria; en donde, para que estuviese a gusto cuidándose de su enfermedad, le había facilitado yo alojamiento en mi hacienda de Tamatan y todas las comodidades que pude lograr en aquel punto.

Como el telegrama de Dowie, llamándome a Victoria después de mi conferencia con sus representantes, no debía haber sido sino el resultado de su aquiescencia a mis proposiciones del 15 de Octubre, no tuve empacho para emprender viaje a dicha ciudad, a donde llegue el 8 de Noviembre en la tarde.

Al día siguiente me presente en Tamatán, en donde, desde hacía diez días, se encontraba el Sr. Dowie; y después de que me hablo mas de hora y media de todo aquello de que quiso hablar, menos del asunto pendiente, me entrego, suplicándome que la leyera mas tarde, una carta suya de fecha del día anterior, en la que, modificando nuestros compromisos de Abril y mis proposiciones de Octubre, me daba la sorpresa de haberme llamado para burlarse de mi cortesía para con el, de la hospitalidad que le había brindado y hasta de mi confianza en su honorabilidad como hombre de negocios.

Con efecto, en dicha carta, después de darme la bendición de Dios y de hablarme de su amor a México y de otras cosas muy agradables y poéticas, concluía proponiéndome lo siguiente: que no compraría el total de mis haciendas, sino solo Santa María y Cuestecillas (426,000 acres, en vez de 760,000), que pagaría a razón de tres pesos mexicanos el acre, pero en esta forma:

«Me daría, al tirar la minuta, diez mil pesos mexicanos; se tomaría un plazo, hasta el primero de Febrero de 1906, para hacer perforaciones en busca de aguas artesianas; de no encontrar esas aguas (aunque sobran corrientes a flor de tierra en aquellos terrenos) , dejaría a mi favor los diez mil pesos si no llevaba adelante el contrato; el resto del precio que hubiera tenido que ser la suma de un mil 16n doscientos setenta y ocho mil pesos mexicanos , me los pagaría en los términos que a continuación se expresan:»

«Después del cebo de los diez mil pesos mexicanos, me daría el primero de Febrero de 1906, dentro del pensamiento del párrafo anterior, noventa mil pesos; en primero de Mayo de 906 me daría cincuenta mil mas, y completaría el 25 por ciento del precio de compra hasta el primero de Mayo de 907. En cuanto al 75 por ciento insoluto me lo pagaría en siete años y medio, reconociéndome el 6 por ciento anual.»

Desde luego se comprenderá que la venta en esas condiciones no era un negocio para mí. En efecto, ya no recibía yo el precio de mis bienes en nueve meses, como se había pactado en Abril, sino que tendría yo que recibir la cuarta parte en abonos minúsculos, del 12 de Noviembre de 905 al primero de Mayo de 907, Y el resto a largo plazo.

Pero lo mas notable es que, según la carta-proposición de Dowie, tenia yo que entregar libres de todo gravamen, para Febrero de 1906, diez mil acres, es decir, dos sitios y medio de ganado mayor , en el lugar que el Dr. escogiera , y que había de incluir en la venta todo el ganado , los derechos reales y personales y las de mas menudencias de costumbre , edificios , etc. , reservándose el derecho de no tornar los animales que no fuera n de su agrado , y quedando yo obligado apagarle a precio de plaza los que el desechara.

Además, se me imponía la obligación de concederle el derecho de exigir de mi, mediante el abono de cinco pesos por acre al precio de la venta, el derecho de vender lotes de no menos de 5,000 acres en el lugar que el escogiera en los terrenos hipotecados, y de que pudiera exigir de mi títulos libres de hipoteca sobre las extensiones que así vendiera en virtud de mi sumisión  a su deseo.

En cuanto leí en mis oficinas de Victoria las temerarias proposiciones del doctor, le escribí una carta, que recibió el 10 de Noviembre, en la cual, después de describirle los antecedentes del negocio con toda prolijidad, le fijaba. por las razones que le expuse, el precio de cuatro pesos mexicanos al acre de tierras solicitad as por él;  pero con la condición de que se me pagaría en la forma siguiente: cincuenta y cuatro mil pesos al tirar la minuta, setecientos mil en dos plazos , que abarcaban seis meses, y el millón restante en siete años, ganando el seis por ciento anual, dejándolo en libertad para hacer abonos en la época  que el deseara.

También le manifesté en dicha carta que, no pudiendo aceptar sus proposiciones, le presentaba las mías  para que me resolviera al día siguiente de una manera categórica, pues deseaba regresar a México para tratar del asunto con otras personas que llegarían a la capital para el 15 del mismo mes.

EI Sr. Dowie no mandó su contestación; pero delegó en un apreciable funcionario público del Estado la triste tarea de excusarse y de convencerme de lo conveniente que era para mí doblegarme a sus extravagantes proposiciones. Como era natural, me negué a que se me impusiera la voluntad potente de Dowie por medios indirectos, ya que su personalidad magnética no me hacia impresión directa, con mi resuelta negativa al buen amigo que buscó el Doctor para sondear mi ánimo, acabó este asunto.

Por lo antes dicho , se podrá ver que no fue Dowie quien rechazo mis terrenos , o quien rehusó comprarlos , sino que yo , descontento de sus proposiciones , fui quien decidió no tratar mas con el, Pero como el Dr. Dowie ha estado hablando en publico diciendo que rehusó mis terrenos, y como a aumenta su relación manifestando que ha salvado a su pueblo de perdidas probables si hubiera llevado a cabo sus compras en Tamaulipas y conmigo, debo decir lo que siento y lo que creo , aunque, por ser verdad, sea motivo de escándalo en Zión City.

Las tierras que quiso comprar el señor Dowie en Tamaulipas son buenas; no es cierto que no sean irrigables: si no las compró, fue por falta de dinero suficiente.

EI Sr. Dowie no tiene, a no ser que la haya conseguido en sueños, opción sobre un terreno de un millón de acres en Tamaulipas. Es falso que tenga opciones por 20.00 0,000 (veinte millones) de acres en la República Mexicana. Suponiendo, sin conceder, que esto ultimo fuera cierto, estoy seguro de que no habrá propietario alguno que le venda sus terrenos si el Doctor los quiere comprar en la forma ficticia, cartaginesa o púnica en que trato de comprar los de mi propiedad.

En efecto, en los terrenos que el Sr. Dowie quiso tomar, Santa María, Cuestecitas, el Cojo, Tancascaneque y anexas, mediante los diez mil pesos de cebo, hay ganado que, vendido en conjunto, le hubiera producido, de la fecha de la minuta a la de su tercer abono y antes de entregar la cuarta parte del valor total de la venta, casi el valor total de dicha cuarta parte.

Los diez mil acres que pedía libres de todo gravamen, para vendérselos a sus secuaces, le habrían producido, a los precios de su programa. Ciento cincuenta mil pesos, moneda americana, y mucho mas, a juzgar par sus libros de propaganda, y porque hubiera tomado lo mejor y mas florido del terreno.

Así es que, mediante los diez mil pesos de cebo, hubiera tenido que concederle al Sr. Dowie el derecho de quedarse con mi propiedad a precio vi, para pagármela con la vigésima parte de lo que a el le produjera en menos de cinco años, pudiendo disponer realmente, «ad libiturn,» de mis ganados y terrenos y de las variadas riquezas minerales que se encuentran en estos últimos.

Después de las explicaciones anteriores, todo el mundo quedara convencido de que yo, y no el Sr. Dowie, fui quien se negó a hacer  un negocio tan desventajoso para mis intereses y para mi seguridad posterior, si se atiende al mal estado de la salud del Sr. Dowie y a la aparente falta de medios para llevar a cabo, en términos macizos y al contado, una operación de la importancia de la que tuvimos concertada, Además de estas declaraciones, debo decir que el Apóstol, de una manera senil o pueril, equivoco el trato cortes de los mexicanos con la imbecilidad.

 Acostumbrado a su papel teocrático, pudo sacar de su rebaño mas de trescientos mil pesos americanos para la conquista moral y material de México, dando como garantía bonos al 7 por ciento anual, redimibles en diez años y cambiables por los terrenos que dijo tener comprados en México, cuyos títulos estarían en su poder para el 15 de Octubre pasado. Pero si saco esos dineros de los ahorros de su confiada grey, no pudo sacarle al Gobierno Mexicano concesiones para una colonia imaginaria, que no existía sino en sus prospectos y en las columnas sagradas de su periódico oficial , ni para beneficial terrenos que no eran de su propiedad, aunque así lo creyeran los felices habitantes de Zion.

Tampoco pudo hacerse de mis terrenos por obra del Espíritu Santo, pues aun cuando podrá curar con oraciones, estas no son moneda corriente en este país para llevar a cabo transacciones comerciales.

EI Sr. Dowie parece ser, por su edad al menos, un hombre respetable, y, por su poder profético, un segundo Elías, y por la pretensión de sus ideas morales, políticas, socialistas y humanitarias, un nuevo Tolstoy. Merece, pues, todos mis respetos: pero, por su modo de tratar en terrenos y de proponer el pago de ellos, me parece un hombre peligroso en demasía, sobre todo, cuando, no pudiendo conseguirlo, le causa asco el bien apetecido.

Me apena sobremanera  lo que ha pasado y el haber tenido que tomar la pluma para dar al publico las explicaciones del caso pues, como dije al principio, no gusto de la notoriedad, pero me consuela el hacer constar que ni yo, ni menos el inteligente Gobierno Mexicano, fuimos sugestionados por el Apóstol de la Iglesia Católica, Apostólica y Cristiana de Zion.

Dando a Ud., señor, las gracias, por la publicación de esta larga carta, quedo su antiguo amigo y atento seguro servidor que todo bien le desea.

Publicamos esta carta, porque la creemos oportunamente escrita por su autor, dado el momento que atravesarnos de engreimiento en los negocios con ciudadanos americanos, los que, alas veces, justifican aquello de «que no todo lo que relumbra es oro.»

MANUEL GONZALEZ JR.

REVISTA MODERNA DE MEXICO 1906

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Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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Una respuesta a MANUEL GONZALEZ Y LA COLONIA IMAGINARIA DE TAMAULIPAS…

  1. ALEJANDRO GONZALEZ dijo:

    SOY DECENDIENTE DE MANUEL GONZALEZ……….SOLO QUIERO SABER SI EL RANCHO SANTA ANITA EL CUAL SE ENCONTRABA A LA ENTRADA DE GONZALEZ TAMBIEN ERA PARTE DE LA HACIENDA EL COJO? O ESTE ERA UN RANCHO APARTE ……ESTE RANCHO FUE DE MI ABUELO EN EL SEMBRO NARANJAS.

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