LA CHAROLA DEL PRI: POLITICA FICCION…

 

“A pesar de los genocidas, la lengua permanece, sortea los agujeros, el horror que no puede nombrar” Juan Gelman

Pues,  todo comenzó cuando a mediados de la campaña por la presidencia dela República, el  entonces candidato del PRI recibió en horas tempranas dela noche, ahí en sus oficinas de campaña, a un personaje que le ofrecía apoyo económico  a fin de continuar  con éxito sus actividades de proselitismo.

Aquel  personaje  que  ofrecía  apoyo  económico  ya  había  tenido  oportunidad  de  abordar  al candidato  presidencial cuando a este le tocó recorrer la frontera Tamaulipeca; en Cd. Reynosa, para ser mas precisos. En  aquella  ocasión,   el  personaje  en  cuestión  dijo  al  candidato, ‐ vengo  a  ofrecerle  mi  modesto  apoyo  económico  para  que  su  campaña  siga  realizándose  con éxito; estoy a sus órdenes.

Al instante, también le hizo entrega de una tarjeta de presentación personal. Al escuchar aquel ofrecimiento, el candidato  dio instrucción a su secretario privado diciéndole:

‐Güerito –guárdame muy bien esta tarjeta. ‐Si señor licenciado –contestó el Secretario.

Así,  poco  a  poco  se  fueron  concretando  las  actividades   de  aquel  día. Esa   misma noche, el   candidato   le   dijo   a   su   secretario   que   le   llamara   a   la   persona   que   le   había dejado   la   tarjeta  por  la  mañana.

Así se   hizo   y   habiendo   transcurrido   una   hora   ya   se   encontraba   aquel   personaje ahí en   el   Hotel   de   Reynosa,    listo   para   entrevistarse   con   el   candidato   presidencial.  En  una  habitación  privada  se  llevó a  cabo   aquel  memorable  encuentro.

Una   vez   que   el   personaje   fue   conducido   a   la   habitación   donde   ya   lo   esperaba   el   candidato,    de   inmediato  dijo:

‐Gracias,    señor   licenciado   por   recibirme  ‐, espero   que   se  acuerde  de  mí  –agregó.

‐Como chingaos que no, ‐ sonrió el   candidato   y   estrechó fuertemente  la  mano  de  aquel  personaje.

Sin  mas  protocolos  entraron  en  confianza,  una   confianza  que  mucho  convenía  al  señor  candidato.

Bueno  señor, ‐ Pues  como  está escrito  en  la  tarjeta  que  le  entregué:   mi  nombre  es  Juan  García Abrego, ‐ dijo el personaje.

‐Pero, siéntate Juanito, Siéntate!,

‐Exclamó muy  sonriente  el  candidato,   al  mismo  tiempo  que  le  señalaba  al  visitante  un  cómodo  sillón.

‐Como podrá ver señor, ‐ dijo Juan –

‐Tengo  algunos  negocios  aquí en  la  frontera  Tamaulipeca,   principalmente  en  Matamoros,   en  Laredo  y  aquí en  Reynosa  y  con  ellos  he  logrado  hacer  una  modesta  fortuna  que  me  hace  vivir  cómodamente ‐;   aunque  no  falta  quien  diga  por  ahí que no soy muy derecho. Usted sabe.

‐Bien, Juanito – Entiendo muy bien.

‐Y con cuanto me podrás ayudar? –dijo algo serio  el  candidato,   mientras  que  sus  pequeños  ojos  negros fijaban la mirada en el rostro de Juan.

‐Pues, usted dirá licenciado.

No  Juanito, ‐ Tu  dime  con  cuanto  puedes;   y  quiero  que  sepas  que  no  te  desampararé si es que llego a ocupar la presidencia de la República.

‐Entonces,   Juan  acomodándose  el  cuello  de  la camisa y carraspeando un poco acertó a decir:

‐Pues,   pongo  a  su  disposición  un  millón  de  dólares; que le parece licenciado?

‐Pues me parece a toda madre, ‐ dijo el candidato presidencial, al mismo tiempo que muy sonriente palmeaba los hombros del personaje aquel que le  había  caído  del  cielo,   o  más  bien;   del  Golfo  de  México.

‐Bueno  señor  licenciado,   pues  mañana  mismo  le  haré entrega  del  encargo,   nada más me  dice  donde.

‐Pues,   que  te  parece  Juanito si  me  los  llevas  a  mi  oficina  de  campaña  en  la  ciudad  de  México,   eh?,   que te parece?

‐Te   estaré esperando   Juanito,    eso   no   lo   dudes   – agregó el  candidato.

‐De  acuerdo  licenciado,  ‐ ahí estaré mas   o   menos   a   la   misma  hora  de  hoy  –Contestó Juan  García  Abrego.

Cabe   mencionar   que   la   campaña   presidencial   estaba   en   su   fase   media   todavía.    Los   gastos   que   se   habían   generado  hasta  la  fecha  rebasaban  los  cálculos. Por  tal  razón,  aquel  ofrecimiento  económico  por  parte   de   Juan   García   Abrego era   muy tentador   y   oportuno;    no  había  duda.

Además,    no   era   el   único   candidato   presidencial   en   la   historia  que  recibía  este  tipo de  ayuda. Por eso, una vez concertada la ayuda que se   había   propuesto,    el candidato   se   reunió con   sus   más   cercanos   colaboradores   para   ponerles   al   tanto del   asunto tratado.

En aquella reunión todos coincidieron en que era necesario y oportuno aquel y otros apoyos   que   hubiera en el futuro mientras durara  la  campaña por la  presidencia  de  la  República. Al otro día de la reunión,   el  candidato  seguiría  con su gira por los estados de Aguascalientes y Querétaro.

Las  actividades  se  iban  realizando  con  cierto  retraso  pero  con  éxito.   Por  la  tarde  le  sugerirían  al  candidato que debido al compromiso de cumplir una reunión por  la  noche,   debería  pernoctar  en  la  ciudad  de  Querétaro.

Pero  no  fue  así,   ya  que  el  candidato  dio  instrucciones  para  trasladarse  a  la  Ciudad  de  México  ya  que  tenía una cita muy importante.

Para ese fin, abordó su avión y en pocos minutos ya se  encontraba  en  la  capital  de  la República  Mexicana  en  sus oficinas de campaña. Como  el  grupo  de  colaboradores  ya tenia  conocimiento  de  la  entrevista  que  aquella  noche  se  realizaría,   no  perdían  de  vista  la  camioneta  suburban de color negro que arribaba a la oficina de campaña.

En  aquel  momento,   el  jefe  de  guardias  de  seguridad entró a la oficina del candidato y dijo:

‐Señor  Licenciado, ‐ afuera  hay  una  persona  que  dice tener una cita con usted.‐

‐Hágalo pasar de inmediato,‐ contestó el candidato  muy  sonriente  y  frotándose  las  manos  con  presteza.

La  puerta  principal  del  despacho  se  abrió para  dar  paso  a  Juan  García  Abrego quien  era acompañado  de  otra  persona  quien  cargaba  un  portafolios  negro.

Inmediatamente,   el  candidato  se  adelantó a  dar  la  bienvenida al visitante.

‐Hola!, Juanito, ‐ Cómo estás?

‐Muy bien, señor! –Contestó Juan y agregó:

‐Aquí le traigo el encargo.

Hizo una seña a su acompañante quien se acercó y  depositó en  el  escritorio  del  candidato  una  maleta  de color negro.

‐Me permite, Licenciado?‐ agregó Juan.

Entonces procedía a abrir aquel portafolio quedando al  descubierto  los  fajos  de  verdes  billetes  en  denominación de cien dólares.

‐Señor, ‐ he cumplido mi promesa, y espero; si usted así me  lo  permite  que  sea  solo  el  comienzo  – dijo  sonriente Juan García Abrego.

Al escuchar lo que don Juan dijo, el candidato contestó:

‐Muy  bien,   Juanito, ‐ Muy  bien‐ Agradezco  tu  apoyo  y  estaremos  en  contacto;   yo  también  sabré cumplir  contigo –dijo muy sonriente el candidato, mientras no  quitaba  la  mirada  de  la  verde  faja  de  billetes  acariciándose suavemente el bigote.

‐Muchas  gracias,   Juanito,   muchas  gracias,   ambos  personajes se dieron un fuerte abrazo.

Don  Juan  salió de  aquella  oficina  para  dirigirse  a  la  frontera  Tamaulipeca  en  donde  continuaría  con  sus  actividades …

NOTAS EXTRAIDAS DE LO QUE LA GENTE CUENTA…

POLITICA FICCION! COMO DIJERA EL AUTOR DE SU FRASE,

QUE PRETENDE REGRESAR CON COPETE.

Alto a la CENSURA de politicaypoliticosmx !!

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Acerca de tapanco

Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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