Ego te absolvo… Wilde y el 15M

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Bajo sus boinas azules, ennegrecidas por la pólvora, sucias por el polvo de los caminos, los soldados de Miralles tienen traza de bandidos, con su piel quemada, y barbas y cabellos incultos. Hace cinco largas semanas que se arrastran por los camino, casi sin dormir, apenas descansando, tiroteando sin cesar, y con creciente rabia.

No acabaran por fin con esos bandidos republicanos? Don Carlos, sin embargo, les había prometido que después de las fatigas de Estella, la España sería de ellos. Todos tienen sed de venganza y de sangre, y es la alegría de derramarla lo que los mantiene en pie, por cansados y agotados que se sientan.

Vascos, navarros, catalanes, hijos de desterrados muertos de hambre y de miseria en suelo extranjero, tienen có1eras de fieras, contra esos regulares que les disputan el paso de las planicies de Castilla, el camino de los palacios a donde han jurado volver a colocar al rey legitimo, para repartirse sobre las gracias del trono restablecido, las dignidades del reino y las riquezas de los vencidos.

Entre esos montañeses, y los hombres de los nuevos partidos, no hay más que rencores políticos; hay, sobre todo, y antes que todo, una antigua cuenta de asesinatos impunes, de saqueos y de incendios  sin revancha.

Por eso, cuando un soldado de Concha les cae entre las manos, ay de el! Pagará por los otros, por los que escapan.

–          Hay que morir, hermano, le dicen adosándolo a una roca

El hombre se persigna, y apenas baja su mano en un lento, amén, los fusiles, alineados a diez pasos de su pecho, vomitan la muerte. El hombre cae como un fardo, y nadie vuelve hablar de el. Los buitres de los Pirineos hacen lo demás.

Si, con su sotana arremangada, el cura Miralles, un hombrecillo repleto y encorvado, de ojos oblicuos, pasa cerca de los fusileros, cuelga su fusil de su cinturón, y absuelve o bendice, al moribundo con rápido gesto.

A veces, sin apartar sus miradas del anteojo marino, que le sirve para inspeccionar rocas o bosques de encinas, confiesa al prisionero.

Vamos! ¡que un general es responsable de la vida de su tropa! Republicano, sí, pero también católico, el regular no parece sorprendido por ese extraño y doble oficio de padre soldado.

Es necesario que lo confiesen, puesto que van a fusilarlo, y no es perfectamente natural que se le fusile puesto que se ha dejado coger? Si él fuera el que cogiera a alguien, a su vez lo fusilaría.

Esta lógica satisface plenamente las débiles exigencias de su cerebro de campesino arrancado a la gleba, para humillarse bajo el arnés militar.

Y luego, para que razonar con ese hecho brutal, la muerte amenazadora, inmediata, ineludible? . . .

Puesto que eso debe suceder, se trata únicamente de hacer bien su maleta para presentarse en buen orden, para hacer su entrada en el inevitable más allá.

Aquella tarde, como el sol se ocultara, Pedro Carrega estaba de centinela en el caos de Mallorta, cuando una mujer y un mulo dieron vuelta por el camino de Buenavista. Al acaso tiró, Fue el mulo el que cayó, La mujer corrió a el antes de que tuviera tiempo de volver a cargar, y cuando la tuvo al extremo de su fusil, el Navarro no pudo tirar.

La mujer era hermosa, tentadora, con sus largos cabellos negros cayendo en cascada hasta sus pantorrillas, sus labios rojos, sus ojos brillantes. Pedro Carrega, por su prisionera olvidó la querella de Don Carlos y de la República. Además, la mujer, que tenia miedo, le jura que adoraba al rey neto. Le probó que no detestaba las caricias perfumadas con pólvora de guerra, y que Pedro Carrega era, si no el más bello de los mortales, si el más halagado de los vencedores, entre las grandes masas de piedra del caos de Mallorta.

Los dos brazos de la prisionera rodeaban aun con un collar palpitante el cuello de bronce de Carrega, cuando Joaquín Martínez vino a relevarlo.

-Eh! dijo, poco a poco, señor caballero. Las noches son frescas, No es bueno dormir sin manta, camarada. Veo que eres hombre precavido: pabellón de cabellos; por bufanda brazos tibios y frazada de carne blanda. Pero ahora es mi turno, amigo!

–          Tu turno, desgraciado? Donde Carrega reina, no hay dos reyes. Si las noches son frescas; ve a calentarte contra esa mula que ha tirado mi carabina, o anda a matar otra. Mi botín es mío, como la Navarra es del rey Carlos, hijo de judía.

Joaquín Martínez se echó el arma a la cara, e iba tirar, cuando la mujer, de un salto de salvaje, desvió el fusil, e hizo que la bala se perdiera en las nubes, Alzando los hombros, Martínez arrojó el arma descargada, y de un navajazo en pleno vientre, derribó a la prisionera de Carreaga.

–  Cuerpo de Cristo! aulló el navarro, lanzándose hacia delante y blandiendo su carabina Per o un nuevo golpe de la terrible navaja, suspendió en sus labios la kirial de las blasfemias, Con un espumarajo en la boca se desplomo en el charco de la sangre que vertía el cuerpo de la mujer destripada . Al ruido del balazo, Miralles, seguido de algunos hombres, acudió. Martínez no intentó negar la querella. Con sus ojos de arcadas casi despojadas de cejas por el estallido de un mal fusil, el cura bandolero abrazó toda la escena.

-Puercos! gruñó. Veamos a la hembra! Hermosa muchacha, mal arreglada con un perro navajazo, De mucho te sirvió, valiente imbécil. A lo menos Carrega se dio gusto.

Vamos, hijo, prosiguió dirigiéndose a Martínez, que no le quitaba la vista, es un primor eso de querer robar el botín de un camarada. Hola! Ustedes déjenme confesar a este hereje; nadie los necesita por aquí. Di tu «confiteor,» Martínez, y haz el acto de contrición.

–          Ego te absolvo, murmuro Miralles con un gesto de bendición. … Puercos, condenados, hijos de perra, que se degüellan por una hembra!

Luego, apuntando al hombre, bruscamente con su fusil, le voló los sesos sobre los dos cadáveres.

-Si dejara uno obrar a su antojo a estos canallas, gruñó sordamente, pronto no tendría ejercito el rey Carlos!

 Oscar Wilde

Traducción para la revista moderna 1906

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Acerca de tapanco

Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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