El poeta contará a los niños la historia…

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Quetzaltenango

El poeta contará a los niños la historia
de esta batalla

El poeta hablará de Pedro de Alvarado y de quienes con él vinieron a enseñar el miedo.
Contará que cuando ya las tropas indígenas habían sido arrasadas, y era Guatemala campo de carnicería, el capitán Tecum Umán se alzó por el aire y voló con alas y plumas nacidas de su cuerpo. Voló y cayó sobre Alvarado y de un golpe feroz le arrancó la cabeza del caballo. Pero Alvarado y el caballo se partieron en dos y divididos quedaron: el conquistador se desprendió del caballo decapitado y se levantó. Nuevamente se echó a volar el capitán Tecum y subió, fulgurante, hasta muy arriba. Cuando se precipitó desde las nubes, Alvarado lo esquivó y lo atravesó con su lanza. Acudieron los perros a despedazar a Tecum Umán y la espada de Alvarado se interpuso. Largo rato estuvo Alvarado contemplando al vencido, su cuerpo abierto, la plumería de quetzal que le brotaba de los brazos y las piernas, las alas rotas, la triple corona de perlas, diamantes y esmeraldas. Alvarado llamó a sus soldados. Les dijo: , y los obligó a quitarse los cascos.
Los niños, sentados en rueda alrededor del poeta, preguntarán:
-Y todo eso, ¿lo viste? ¿Lo escuchaste?
-Sí.
-¿Estuviste aquí? -preguntarán los niños.
-No. De los que estuvieron aquí, ninguno de los nuestros sobrevivió.
El poeta señalará las nubes en movimiento y el balanceo de las copas de los árboles.
-¿Ven las lanzas? -preguntará-. ¿Ven las patas de los caballos? ¿La lluvia de flechas? ¿El humo?
-Escuchen -dirá. y apoyará la oreja contra la tierra, llena de estampidos.
Y les enseñará a oler la historia con el viento, a tocarla en las piedras pulidas por el río y a conocerle el sabor mascando ciertas hierbas, así, sin apuro, como quien masca tristeza.

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Utatlán

La venganza del vencido

Los jefes indios son un puñado de huesos, negros de tizne, que yacen entre los escombros de la ciudad. Hoy no hay nada que no huela a quemado en la capital de los quichés.

Casi un siglo antes, un profeta había hablado. Fue un jefe de los cakchiqueles el que dijo, cuando los quichés le iban a arrancar el corazón: Sabed que unos hombres, armados y vestidos de pies a cabeza y no desnudos como nosotros, destruirán estos edificios y los reducirán a cuevas de lechuzas y gatos de monte y cesará toda esta grandeza.

Él habló mientras lo mataban, aquí, en esta ciudad de los barrancos que los soldados de Pedro de Alvarado acaban de convertir en una hoguera. El vencido maldijo a los quichés y hacía ya mucho tiempo que los quichés dominaban a otros pueblos de Guatemala.

Eduardo Galeano – Memoria del fuego I
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Acerca de tapanco

Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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