El Votán Zapata y el Ik’al Zapata… nuestro ayer o nuestro mañana?

Ella está en el horizonte –dice Fernando Birri-.  Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.
Eduardo Galeano – Ventana sobre la Utopía

La historia de las preguntas* (Fragmento)

 
Zapata Vive: La Lucha Sigue!
Zapata Vive y Vive: La Lucha Sigue y Sigue!

“El tal Zapata se apareció acá en las montañas. No se nació, dicen. Se apareció así nomás. Dicen que es el Ik’al y el Votán que hasta acá vinieron a parar en su largo camino y que, para no espantar a las gentes buenas, se hicieron uno sólo. Porque ya de mucho andar juntos, el Ik’al y el Votán aprendieron que era lo mismo y que podían hacerse uno sólo en el día y en la noche y cuando se llegaron hasta acá se hicieron uno y se pusieron de nombre Zapata y dijo el Zapata que hasta aquí había llegado y acá iba a encontrar la respuesta de a dónde lleva el largo camino y dijo que en veces sería luz y en veces oscuridad, pero que era el mismo, el Votán Zapata y el Ik’al Zapata, el Zapata blanco y el Zapata negro, y que eran los dos el mismo camino para los hombres y mujeres verdaderos”.

El viejo Antonio saca de su morraleta una bolsita de nylon. Adentro viene una foto muy vieja, de 1910, de Emiliano Zapata. Tiene Zapata la mano izquierda empuñando el sable a la altura de la cintura. Tiene en la derecha una carabina sostenida, dos carrilleras de balas le cruzan el pecho, una banda de dos tonos, blanco y negro, le cruza de izquierda a derecha. Tiene los pies como quien está quedando quieto o caminando y en la mirada algo así como “aquí estoy” o “ahí les voy”. Hay dos escaleras. En la una, que sale de la oscuridad, se ven más zapatistas de rostros morenos, como si salieran del fondo de algo; en la otra escalera, que está iluminada, no hay nadie y no se ve a dónde lleva o de dónde viene. Mentiría si dijera que yo me di cuenta de todos esos detalles. Fue el viejo Antonio el que me llamó la atención sobre ellos. Atrás de la foto se lee:

Gral. Emiliano Zapata, jefe del ejército suriano.
Gen. Emiliano Zapata, commander in chief of the southern army.
Le Général Emiliano Zapata, Chef de l’Armée du Sud.
C. 1910. Photo by: Agustín V. Casasola.

El viejo Antonio me dice: “Yo a esta foto le he hecho muchas preguntas. Así fue como llegué hasta aquí”. Tose y arroja la bachita del cigarro. Me da la foto. “Toma”, me dice, “para que aprendas a preguntarle… y a caminar”.

“Es mejor despedirse al llegar. Así no duele tanto cuando uno se va”, me dice el viejo Antonio tendiéndome la mano para decirme que ya se va, es decir, que está viniendo. Desde entonces, el viejo Antonio saluda al llegar con un “adiós” y se despide alzando la mano y alejándose con un “ya vengo”.

El viejo Antonio se levanta. También lo hacen el Beto, la Toñita, la Eva y el Heriberto. Yo saco la foto de Zapata de mi mochila y se las muestro.

-¿Va subir o a bajar? -pregunta el Beto.
-¿Va a caminar o se va a quedar parado? -pregunta la Eva.
-¿Está sacando o guardando la espada? -pregunta la Toñita.
-¿Ya acabó de disparar o va a empezar apenas? -pregunta el Heriberto.

Yo no dejo de sorprenderme con todas esas preguntas que arranca esta foto de hace 84 años y que, en 1984, me regalara el viejo Antonio. Yo la miro por última vez antes de decidir regalársela a la Ana María y la foto me arranca una pregunta más: ¿Es nuestro ayer o nuestro mañana?

Ya en ambiente de cuestionamiento y con una coherencia sorprendente para sus cuatro-años-cumplidos-entrada-en-cinco-o-sea-seis, la Eva me suelta: “¿Y mi regalo pues?” La palabra “regalo” provoca idénticas reacciones en el Beto, la Toñita y el Heriberto, es decir que todos se ponen a gritar: “¿Y mi regalo pues?” Me tienen acorralado y a punto de sacrificarme cuando se aparece la Ana María quien, como hace casi un año en San Cristóbal pero en otras circunstancias, me salva la vida. Trae la Ana María una bolsa de dulces grande grande, pero grande de veras. “Aquí está su regalo que les tenía el Sup”, dice la Ana María mientras me mira con cara de “qué-sería-de-ustedes-los-hombres-sin-nosotras-las-mujeres”.

Mientras los niños se ponen de acuerdo, es decir se pelean, para repartirse los dulces, Ana María saluda militarmente y me dice:

-Reporto: la tropa lista para salir.
-Bien -digo poniéndome la pistola al cinto. -Saldremos como es ley, de madrugada-. La Ana María sale.
-Espérame -le digo. Le doy la foto de Zapata.
-¿Y esto? -pregunta mirándola.
-Nos va a servir -respondo.
-¿Para qué? -insiste ella.
-Para saber a dónde vamos -respondo mientras reviso mi carabina.
En el aire un avión militar maniobra…
Bueno, no os desesperéis, ya casi termino esta “carta de cartas”. Antes debo desalojar a los niños de aquí…
Por último, responderé algunas preguntas que, es seguro, os haréis:
¿Sabemos a lo que vamos? Sí.
¿Sabemos lo que nos espera? Sí.
¿Vale la pena? Sí.
¿Quién que puede contestar “sí” a las tres preguntas anteriores, puede permanecer sin hacer nada y no sentir que algo muy adentro se rompe?

Vale. Salud y una flor para esta tierna furia, creo que se la merece.

Desde las montañas del sureste mexicano

Subcomandante insurgente Marcos
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Acerca de tapanco

Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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