LA JORNADA DE LOS MUERTOS

2nov

 Como una lápida de negro basalto se incrusta la fecha del día de las conmemoraciones en la blancura nebulosa del mes otoñal. Y algo doliente y lamentable, algo que baja de los cielos plomizos y de las secas frondas despojadas de sus hojas, dispone el ánimo para la evocación de los seres amados. El recuerdo arde como un incensario, alza su sahumerio perfumado y entre volutas y caracoles de incienso azul, envuelve esas imágenes, que palidecen en la memoria como palidecen los rostros antiguos en las viejas fotografías. Pues hay una muerte después de la persona: la muerte de su imagen.

Bella página sería la que nos contara los trances melancólicos y las ansias del amante que viera, evanescente y fugitiva, la faz de la querida en un glauco daguerrotipo, tantos años conservada bajo el tafilete del estuche, entre el cobre repujado y los gauffrages del terciopelo carmesí, tras del vidrio donde se pierden, como si se alejaran, los rostros de nuestros abuelos, tras del cristal, los rostros parecen sumergidos bajo una agua que los amortaja en opacos sudarios. Y el rostro amado va descendiendo, después de flotar como el de una Ofelia, hasta que una mañana llegan a perderse las pupilas bajo las aguas profundas, y se cierran los ojos que habían permanecido abiertos y fijos como el rostro de los ahogados….

Es triste ese naufragio de una melancólica sonrisa, de una blanca frente, de una amante mirada…!

El día de los desencarnados pasa entre el aparato y la mise en scene de las ceremonias profanas. Bajo el luto ritual de las iglesias, colgadas de fúnebres draperias, bajo el velo caudal de la viuda y sus crespones grisáceos como las alas de un murciélago, entre las ofrendas florales, blancas palmas de rosas o cárdenas coronas de pensamientos.

Cuál será la intrínseca cantidad de real pésame y de dolor verdadero? Me temo que de hacérsenos visibles los simulacros y las comedias nos llenarían el alma de desolación… Podría decirse que el dolor verdadero no es cronológico, ni tiene días fijos, que, a menudo, en medio de un festival, un recuerdo de tristeza empaña el alma más diáfana con su vaho de ultratumba que una flor seca entre las hojas de un libro, cierto sonido en cierta mañana primaveral, un acorde vuelto a oír en un piano, el ampo de un crepúsculo, o el aroma de una flor, son las más eficaces fórmulas de taumatología, y que a su virtud pasa llenando el alma de fragancias cariñosas y de hondos regrets, el fugitivo fantasma del ausente…

 

Es cierto, como lo es, también que los atributos del 2 de noviembre son entre nosotros por demás grotescos. La muerte ha descendido de su trono de bronce y de su palio de tinieblas para caer en las barracas colmadas por la juguetería popular, o en las mesas de los confiteros. La muerte se ha hecho familiar y se exhibe sin sus solemnes atributos, gesticulando puerilmente en una danza macabra de irrisión.

Recordáis aquella vieja costumbre, exclusiva de nuestro folk lore, los periódicos de calaveras?  Hacéis memoria de aquellos bufos epitafios, grotescas necrologías y oraciones funebres pour rire? Nadie se escapaba de aquel obituario funambulesco y, mientras mayor notoriedad se tenía, más seguro era entrar a aquella necrópolis en que Atropos tenía los cascabeles de Tabarín. De esa orden de fenómenos son otros. Porque se pone en manos del niño una golosina que es un cráneo de azúcar, un túmulo, o el ánima de un difunto? Porque se hacen juguetes de cosas tan fúnebres, como las tumbas, las procesiones mortuorias, y la triste y macabra osatura de los hombres? Porque comemos una golosina que se llama pan de muertos y cuyo solo nombre es repulsivo y hace pensar en carnales disgregaciones subterráneas? Porque se llama al Don Juan, al joven amador y pendenciero, un calavera?

Solo un atavismo, el cruel y pavoroso de nuestros ancestros los nahoas; un atavismo de sangre y muerte, legado por aquel pueblo que deifico a la siniestra <<Teoyamique>> y modelaba el cráneo descarnado en la masa de sus alimentos y en el metal de sus orfebrerías, puede explicar esos fenómenos y hacer sonreír a la muerte en la orgia de los disipados, en la mesa del festín y entre las manos del bambino.

Tal vez! Pero antes de tener una certeza, mirad el dibujo de Jorge Enciso que encabeza estas líneas, y, en su melancolía, en su solemnidad, en el movimiento que anima las dolientes figuras de la viuda y de la huérfana, en el pálido cielo otoñal que llora con la vaga angustia del crepúsculo entre el solemne duelo de los árboles, rimad el propio pésame y pasead un instante la tristeza de vuestra alma, que recuerda y se recoge, piadosamente….

 JOSE JUAN TABLADA

Revista Moderna de México

Edición 1904

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Acerca de tapanco

Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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