José María Morelos, Ejecutado por los inquisidores de la Iglesia..

Morelos, entretanto, había sido conducido a Tepecoacuilco. A la salida de Tenango fueron fusilados, por orden de Concha, los veintisiete prisioneros que se habían cogido en la accion. Haciendo que los presos, Morelos y Morales, presenciasen la ejecución: al primero se le echaron grillos en Huitzuco, y más adelante también a Morales.

… El 21 de Noviembre, a las cuatro de la tarde, llegó éste al Pueblo de San Agustín de la Cuevas(Tlalpan), distante cuatro leguas de la capital, en el que se agolpó multitud  de personas, deseosas de ver a aquel hombre extraordinario… El Rey no creyó deber presentar al preso  en espectáculo en una entrada pública, y en la madrugada del 22 lo hizo conducir con una escolta en un coche, a las cárceles secretas de la inqusición.

Estaban nombrados de antemano los jueces comisionados por la Juridicción unida, que lo fueron por la real, el oidor subdecano y auditor de la capitanía general, D. Miguel Bataller; y por la eclesiástica el provisor del Arzobispado Dr. D. Felix Flores Alatorre, y habiendo mandado el Virrey que el proceso se concluyese dentro de tres días, las actuaciones comenzaron el mismo día 22… Se hizo saber al reo que podía nombrar al defensor que le parecíese, y habiendo contestado que no conocía a nadie en México, lo dejaba a la justificación y prudencia del señor provisor; éste nombró al Lic. D. José María Quiles, abogado joven, que apenas era conocido en el foro, y estaba todavia en el seminario donde hizo su carrera, al cual se previno por los jueces comisionados, presentase la defensa en la mañana del 23… Morelos.. contestó con dignidad y firmeza a todos los cargos que se le hicieron. Acusado de heber cometido el crimen de traición, faltando a la fidelidad al rey, promoviendo la independencia y haciendo que ésta se declarase por Congreso reunido en Chilpancingo…

La Inquisición, que había procedido también a formar causa contra Morelos, pidió al Virrey demorarse por cuatro dias la ejecución de la sentencia, y con dictamen de una junta que celebró de todos sus teólogos consutores, a la que asistió el comisionado del obispado de Michoacán, habiendo habilitado para actuar el domingo 26, concluyó sus procedimientos en el término señalado, y citó a auto público de fé para el lunes inmediato. Congregáronse, para celebrarlo, a las ocho de la mañana en el salón principal del tribunal, los dos inquisidores que componían entonces éste, Flores Monteagudo, con el Fiscal Tirado y todos los ministros subalternos; los dos consultores togados, el provisor del arzobispado, como ordinario y delegado de la mitra de Michoacán y una multitud de personas de las más distinguidas de la capital en número de más trescientas, que fueron cuantas pudieron acomodarse en los asientos, quedando afuera otras muchas, a las que la ansia de ver alguna cosa, hacía apiñarse en tropel a la puerta: ésta, la calle y el patio del edificio, estaban custodiados por dos compañías de infantería. Colocados todos por orden en sus respectivos lugares, los alcaides y secretarios del tribunal sacaron a Morelos de la cárcel secreta por la puerta interior que comunica con el salón, estando vestido con una ropilla o sotana corta hasta la rodilla, sin cuello y descubierta la cabeza en señal de penitente.

…Sin embargo el tribunal falló conforme por lo pedido por el fiscal<<que el presbítero José María Morelos era hereje formal negativo, fautor de herejes, perseguidor y perturbador de la jerarquía eclesiástica, profanador de los santos sacramentos, traidor a Dios, al rey y al Papa, y como tal lo declaró irregular para siempre, depuesto de todo oficio y beneficio, y lo condenó a que asistiera a su auto en traje de penitente, con sotanilla sin cuello y vela verde; a que hiciera confesión general y tomara ejercicios, y para el caso inesperado y remotisimo de que se le perdonara la vida, a una reclusión , para todo el resto de ella, en Africa, a disposición del inquisidor general, con obligación de rezar todos los viernes del año los salmos penitenciales y el rosario de la virgen, fijándose en la iglesia catedral de México un sambenito, como a hereje formal reconciliado>>.

Luego que ser terminó la lectura de la causa, el inquisidor decano hizo que el reo abjurase sus errores e hiciese la protesta de la fe, procediendo a la reconciliación , en la que se observó todo el ceremonial de la iglesia, recibiendo de rodillas azotes con varas, que se le dieron por los ministros del tribunal durante el rezo del salmo<< miserere>> y, en seguida, continúo la misa rezada, con asistencia del mismo reo.

Acabada ésta, se siguió la ceremonia de la degradación, para la cual el obispo de Oaxaca aguardaba revestido de pontifical, en la capilla que está a los pies de la sala del tribunal. Morelos tuvo que atravesar toda ésta de uno a otro extremo, con el vestido redículo que le habían puesto y con una vela verde en la mano, acompañado por algunos familiares del Santo Oficio: el concurso numeroso, más ansioso cada vez de verlo de cerca, se levanto sobre las bancas al pasar por el espacio que entre ellas se había dejado; Morelos, con los ojos bajos, aspecto decoroso y paso mesurado, se dirigió al altar: Allí, después de leída públicamente por un secretario la sentencia de la junta conciliar, se le revistió con los ornamentos sacerdotales, y puesto de rodillas delante del obispo, ejecutó éste la degradación por todos los órdenes, según el ceremonial de la iglesia. …

Había pedido el auditor bataller, desde 28 de noviembre, la pena capital y confiscación de bienes; debiendo ser el reo fusilado por la espalda como traidor al rey, amputándose la cabeza para que en una jaula de fierro quedase expuesta en la plaza de México, y en la mano derecha que había de fijarse en la de Oaxaca.. el arzobispo y junta conciliar en nombre de todo el clero, por respeto al caracter sacerdotal, dispuso que la ejecución se verificase, fuera de la capital, enterrándose el cadáver inmediatamente, sin amputación de miembro alguno; y para manifestar su deseo de ahorrar la efusión de sangre, por el único miembro correspondiente a la dignidad del gobierno, mandó publicar un nuevo indulto sin restricción alguna, ni aun de dar fianza como hasta entonces había exigido, ni entregar los caballos; ofreciendo recompensar a los que quisiesen cooperar a la pacificación del reino, sirviendo en clase de voluntarios en las tropas reales.>>

El 21, por la mañana, Concha intimó la sentencia a Morelos, haciendo uso de los tribunales, que se pusiese de rodillas para oir la lectura que de ella se hizo. Aunque se le dijo que la ejecución se verificaria dentro de tres días, el siguiente, 22, a las seis de la mañana, Concha lo hizo poner en un coche con el P. Zalazar y un oficial, escoltándolo la división de su mando, y tomaron el camino del santuario de Guadalupe.

Morelos iba rezando varias oraciones y en especial los salmos <<miserere y De profundis,>> que sabía de memoria… Al llegar a Guadalupe, quiso ponerse de rodillas, lo que hizo no obstante el estorbo de los grillos, y habiéndose detenido cerca de la capilla del pozito, Morelos dijo con serenidad al P. Zalazar: <<Aquí me van a sacar, vamos a morir>> no era aquel, sin embargo, el lugar destinado al intento, continuó hasta el llamado palacio de San Cristobal Ecatepec, construido tiempo atrás por el consulado de México para el recibimiento que allí se hacía para los virreyes, el que entonces estaba enteramente desmantelado y sirviendo de punto militar…

Entonces se reconcilió con el P. Zalazar, se quitó el capote que llevaba, se vendó él mismo los ojos con un pañuelo blanco, y atados los brazos con los portafusiles de los soldados que lo conducían, arrastrando con dificultad los grillos, fue llevado al recinto exterior del edificio, que forma una especie de parapeto, y habiendo oido que el oficial que mandaba la escolta, haciendo una señal en el suelo con la espada, dijo a los soldados: <<hínquenlo aquí>> preguntó <<Aqui me han de hincar?>> y habiéndole contestado el padre Salazar, <<Sí, aquí: haga usted cuenta que aquí fue nuestra redención>> se puso de rodillas: dióse la voz de fuego; y el hombre más extraordinario que había producido la revolución de la Nueva España, cayó atravesado por la espalda de cuatro balas; pero moviéndose todavía y quejándose, se le dispararon otras cuatro, que acabaron de extinguir lo que quedaba de vida. El P. Salazar hizo vestir el cadaver con el mismo capote que Morelos se había quitado para el acto de ejecución , y a las cuatro de la tarde se le enterró en la parroquia del Pueblo, según certificación del cura, que todos los pormenores relativos a la ejecución, mandó el virrey a insertar en la gaceta de gobierno.

 

Historia de México- Lucas Alamán

Tomo IV – Libro VII, Cap I- Imprenta

de V. Agueros y Ca.-1884- México.

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Un peatón que camina entre metáforas, código, sueños...convencido de que un paso, hace la diferencia al andar. Lo que nos resta de Patria, debemos defenderla! Para dejarle algo de sustancia de ella a nuestros hijos, algo de su esencia que nosotros disfrutamos un día a carcajadas...
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